Creo que nunca he sentido una crisis de ansiedad y lágrimas tan grande en una sala de cine como la vez que vi el comienzo de Los baúles del retorno: una niña en lo alto de una duna hablando sobre el mar, al que imaginas objeto de su mirada. Conforme va subiendo la cámara ves que en vez de un océano de agua sólo hay una inmensidad de arena frente a ella. Yo que soy isleña, que lo primero que oí al nacer fue el sonido del mar, se me parte el alma de pensar que alguien me impida vivir cerca de él. Como han hecho con el pueblo saharaui.
Es inmoral lo que España ha hecho en este tema y ya va siendo hora de que plante cara a Marruecos. Porque un día prometió la libertad y jamás ha cumplido esa promesa.
Una plataforma está recabando firmas de apoyo. Anímate y firma. Para que por fin puedan cerrarse los baúles del retorno.



