Paso de llamarte Sor Juana Inés de la Cruz. Para mí eres Juana Ramírez de Asbaje. Lo otro es tu nombre artístico. No te quedaba otra para ser medianamente libre en el siglo XVII. O te casabas con la Iglesia, y así tenías tu biblioteca y tu tiempo para escribir, o te casaban con un señor, y pasabas a servirlo a él. Y adiós libros, adiós libertad.
Fuiste una de los/as grandes de la literatura latinoamericana, aunque mucha gente en esta parte del mundo no sepa quién fue Juana Inés. Ni leyó nunca tu grandioso “Hombres necios“. Ni supo de tu brillante inteligencia, de tu fuerza como mujer. Ni del castigo que sufriste por querer ser libre y defender tus ideas.
Nos separan casi 400 años, Juana Inés, pero cuando leo tu poesía no veo distancia alguna. Sólo pienso cuánto tuvo que sufrir una mujer como tú en esa época. Como mujer y como mujer que amaba a otras mujeres. Me río yo de quien ve en tus poemas a la virreina un reflejo de los esquemas del amor cortés. Quien no ha amado en silencio a otra mujer dificilmente puede pulir en tinta tanto sentimiento. No importa las veces que te lea, siempre haces brotar en mí las mismas sensaciones intensas. Eres grande, la más grande.
Divina Lysis mía:
perdona si me atrevo
a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.
A esto, no osadía
es llamarte así, puesto
que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.
Error es de la lengua,
que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
Yo te vi; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.
Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.
Y aunque otras más merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio,
En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme,
este mismo castigo será premio.
Sor Juana Inés de la Cruz, (1651-1695)



No me lo puedo creer… No tenia ni idea que sor Juana Ines de la Cruz escribiera esto… Precisamente mañana tengo examen de arte hispanoamericano y en ocasiones en mis apuntes se la menciona como personaje importante…
La proxima vez intentare ser más curiosa…
Un saludo!
Es grandísima, te recomiendo que leas todo lo que puedas de ella, porque fue una mujer única, con unas ansias de libertad y una inteligencia incomparable. Su brillantez y arrojo le costó la libertad y ser traicionada. En este link del Instituto Cervantes hay varias cosas: http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/sorjuana/pcuartonivel.jsp?conten=presentacion
besos y suerte con el examen!
Asi que Sor Juana…
Justo me pidieron escoger a dos mujeres para el “desde fuera del armario” previo al día de la visibilidad lésbica y llevé a Doña Juana Inés Asbaje Ramírez de Santillana y a Audrey Lorde. Sor Juana es la primera gran feminista de America LAtina, su respuesta a “sor filotea” es un tratado feminista lleno de ironía… Yo la verdad por “los Cruz” jajaja siento debilidad, tanto por Sor Juana como por San Juan de la Cruz. Pero de sor Juana soy fan.
Y como andamos en la fecha que estamos aqui lo que considero casi el primer canto “visible”. Me gusta particularmente porque no creo que muchas señoras de la época pusieran la palabra “sexo” en negro sobre blanco y porque en este caso, el sexo no es impedimento para que una mujer ame a otra, que lo sublime a las almas, no es más que cuestión de época… De no haber sido gongorina, creo que tendría a Sor Juana en el más alto de los altares poéticos, como no me gusta Góngora me atengo a su prosa y la pongo en lo más alto de los altares literarios, pero también merece estar en lo más alto de los altares feministas, fue una rebelde en toda regla… En fin, un altar lésbico.
…como a lo cóncavo el aire,
como a la materia el fuego,
como a su centro las peñas,
como a su fin los intentos;
bien como todas las cosas
naturales, que el deseo
de conservarse, las une
amante en lazos estrechos…
Pero ¿para qué es cansarse?
Como a ti, Filis, te quiero;
que en lo que mereces, éste
es solo encarecimiento.
Ser mujer, ni estar ausente,
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran y sexo.
¿Puedo yo dejar de amarte
si tan divina te advierto?
¿Hay causa sin producir?
¿Hay potencia sin objeto? …