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Archive for the ‘filosofando’ Category

Aquí voy, sentada en un tranquilo tren con destino Sevilla. Un finde fantástico en Córdoba– la Noche Blanca de flamenco, un puntazo. Cansada aún por las poquitas horas de sueño de estos últimos días, pero muy contenta por las sensaciones vividas. Como siempre, en cada escapada vivimos momentos muy especiales, porque nuestras clientas son un regalo, nunca me canso de decirlo.

Tengo muchas ganas de seguir creciendo, que esta crisis pase y toda esa gente que desea venir a nuestras escapadas pueda hacerlo porque de nuevo tengan un trabajito o no tengan que mantener a un familiar parado en estos tiempos extraños.

Porque esta crisis pasará, como siempre. Hemos pasado por guerras, toda clase de enfermedades y aquí seguimos, no nos hemos extinguido. Hemos aprendido muy poco de los errores pasados, pero debe ser una cuestión genética esta incapacidad del ser humano para aprender de lo vivido. Aún así, seguimos.

A diferencia de otras épocas o de otras latitudes, esta crisis sobre todo es un golpe de realidad ante unos años de locura colectiva. Aunque la solución al consumo histérico de estas últimas décadas no es dejar de consumir radicalmente, para nada. La respuesta pasa por ser más responsables. Pero todos y todas. Muchas veces nos quejamos del paro que nos rodea pero luego consumimos sin querer saber por qué un producto traído de la otra punta del planeta es más barato que el elaborado a 20 km de casa. Lo queremos todo: cobrar como suecos y pagar sólo el salario de un semi-esclavo oriental mirando para otro lado. Tener el estado del bienestar de Noruega pero pagar los impuestos de una república bananera. Tener unos servicios públicos de calidad pero aprovecharnos todo lo posible del sistema. Vivir en el primer mundo pero con los conocimientos tecnológicos, culturales y lingüísticos de paises alejados del desarrollo. Ganar mucho como empresarios, pero invertir poco o nada en nuestro entorno. Y así, queridos y queridas, no se puede. Esto peta. Como ha pasado. Está claro que los trileros de la bolsa y de la banca se han pasado con la partida, pero el problema de España es más de fondo. Y no sólo se debe a la corrupción endémica, al amiguismo que evita la selección natural del mejor por el mejor enchufado, aunque sea un inepto, o a una universidad estancada en el Siglo de Oro. El problema de fondo nos afecta a todos y todas. A nuestro concepto colectivo del triunfo basado en el éxito fácil, de la picaresca que llevamos en nuestro ADN. Es nuestro cáncer como país y es lo que deberíamos y podemos cambiar. Día a día, gesto a gesto. El día que este país valore a todas esas personas que aportan conocimiento, respuestas, riqueza, valores por encima de dionis, belenes esteban, marios conde, pachulis, grandes hermanos y compañía. El día que este país haga sitio a todos esos cerebros brillantes que un día salieron de España para crecer pero que ya no pueden volver, porque no les dejamos. El día que este país señale con el dedo y deje de admirar a quien enchufa, a quien pasa sobres llenos de dinero por debajo de la mesa o regala bolsos y trajes de lujo a cambio de privilegios administrativos, a quien se forra cobrando en negro. Ese día, ese día estaremos preparados para crecer de verdad, no como una falla de cartón piedra o un bizcocho.

Mientras tanto, no perdamos la fe y sigamos trabajando por esa sociedad que queremos y podemos construir entre todos y todas. Porque de igual modo que esta tierra ha parido monstruosidades como la Inquisición o la perdición de la picaresca, también ha dado a luz a genios de todos los colores. Somos un gran país, plural, diverso. Claro que podemos.

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No hace falta mucho para ser feliz. Intento disfrutar de esos pequeños momentos que te ofrece la vida. El lunes, por ejemplo, ensayamos por primera vez en una sala en condiciones, con batería y buenos amplis. ¡Buf! Qué sensación, la verdad. Vamos a repetir, porque es otra dimensión.

Y ayer, baloncesto del bueno, del que engancha. Partidazo del Ros frente al Avenida, en la lucha de cuartos de final de la Euroliga femenina. La afición estaba como pocas veces he visto, animando todo el tiempo. ¡Y qué nivel! Es un gustazo. El viernes se verán de nuevo las caras (el mejor de tres). Si pudiera iría a Salamanca, pero no podrá ser.

Y luego otras pequeñas noticias a lo largo del día que te llegan de alegría. Una cena en compañía, descansar para levantarse otro día con ilusión. Por supuesto que hay días en que cuesta ver el lado bueno, pero hay que intentar que sean los menos. Porque la felicidad no está en la meta, sino en el camino cotidiano.

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Tras pasarlo genial en Granada- genial, nuestro primer escapales familiar-, seguimos a tope trabajando. Preparando el resto de actividades del programa, organizando, promocionando… Esa es mi vida ahora mismo y es fantástico.

La próxima parada será en Olite, Navarra, la semana que viene. Una pequeña localidad hermosísima, donde el vino es el protagonista indiscutible. Conoceremos mejor la cultura del vino, haremos catas, visitaremos el Museo del Vino. También la arquitectura y la historia nos acompañarán en esta actividad, porque nos va a rodear constantemente. Y claro, ¡la gastronomía! Un placer incomparable… Vino y buena comida. Y lo mejor: junto a un grupo de mujeres lesbianas y bisexuales.

Como ven, no hablo hoy de corrupción política, caos institucional por estas tierras valencianas. No porque no me afecte o interese, sino porque estoy cansada de tanto desánimo. Prefiero trabajar, transmitir ilusión. Porque es lo que está en mi mano. No sé si confiar o no en la justicia, en el sentido común o la ética. Ahora mismo confío en lo que hacemos Lore y yo día a día, en nuestros sueños. Y con eso me quedo. Pensando en lesbianas y bisexuales, cultura, amistad, aprendizaje, autoestima, visibilidad.  Los relojes de 20 mil euros, los bolsos caros y los coches de lujo no están en mi hoja de ruta.

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No sé

No sé si es que de tanto mirar al mar la semana pasada me he quedado ensimismada. No sé si es que esta representación cotidiana que nos rodea me produce una profunda indiferencia o más bien hastío tras comprobar que detrás del griterío no hay intención de escucharse. No sé si es que la lluvia nos trae gotas de melancolía. Porque no es tristeza.

No sé si esta nueva etapa del viaje hacia mi interior que estoy haciendo remueve sensaciones (descubrí hace poco lo fascinante que es meditar y me estoy leyendo El poder del ahora-gracias, Maite!). O es que mi workaholismo da señales de “incluye algo diferente, por favor”. No sé si es que ha llegado la hora esperada de coger la pluma y escribir. Pero no, porque aún tengo pocas cosas que decir.

No sé. Me siento muy a gusto con lo que he hecho, con lo que hago y cómo lo hago, aunque vaya a mi ritmo, con mis horarios, mis riesgos, mi ausencia de vacaciones y otras costumbres similares. Me siento muy feliz al lado de mi niña. Y de la gente que quiero y me quiere. Feliz de dormir con la conciencia tranquila.

Pero, no sé. No sé si es que falta poco para los 35 o la sien cada vez es más plateada. Quizás necesito dedicarme más huecos y parar con más frecuencia. Coger nuevos hábitos, como meditar o cuidarme más. Dejar de intentar entender lo que me rodea. Dedicar más horas al bajo. Escribir más.

Y simplemente, pasar más horas mirando, en silencio, el mar.

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Mientras colean los últimos restos del síndrome del marinero en tierra (un mareo surreal) tras nuestra aventura en velero a Ibiza y Formentera, me encuentro con algo bastante curioso. Facebook me sugiere que me haga amiga de Belén Esteban.

No sé si es una suplantación de identidad o si es ella en realidad. La cuestión que no entiendo es el criterio que usa Facebook para sugerirme su amistad en el  perfil que tenemos de ALesWay. No por nada, simple curiosidad tecnológica, básicamente.

Lo he vuelto a mirar, por si ha sido un lapsus de estos que me acompañan desde que desembarcamos. Pero no, ahí está. Curioso, sin duda.

Yo que quería comentar cómo me fue en el velero (toda una experiencia!) y cómo me impactó el documental de Cuatro de anoche sobre la chica  española que se hizo pasar por víctima del 11S, termino hablando de personajes esperpénticos de esta era que me ha tocado vivir.

Señal inequívoca de que hoy debería hacer algo inteligente. Como tirarme en el sofá con un libro.

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Comentaba en el anterior post que la clave primera de la felicidad, para mí, es establecer prioridades. Y para ello, es necesario pensar en aquellas cosas con las que queremos vivir en la vida, aquellas que creemos más importantes.

Para mí, una de ellas, es no tener miedo a los lunes y tratar de sentir ante el  nuevo día la ilusión que me embargaba junto a mis hermanos el amanecer del día de Reyes. No quiero morir en vida, quiero sentir ganas de vivir por encima del dolor que nos espera a todos y todas, que forma parte de ese vivir a corazón descubierto. Para conseguirlo, soy muy exigente con mi día a día. Si me embarco en proyectos que me anulan, que me exprimen la ilusión, más tarde o más temprano los dejo. Intento hacerlo lo mejor posible, pero marco límites. Aunque ello implique sacrificar buenos sueldos o estabilidad laboral. Por encima de lo material está la ilusión. Cuando se tiene eso claro, se da un paso de gigante hacia la felicidad.

¿Y por qué lo sé? Porque he vivido a mi alrededor la muerte, la depresión, el éxito y el fracaso laboral y si algo he aprendido de todo ello es que el dinero, las casas, los coches, vienen y van, pero las ganas de vivir son lo más valioso que un ser humano puede tener. Pensemos por qué la gente más rica del planeta pasa media vida llorando, a veces pensando en suicidarse, o drogada (legal o ilegalmente) hasta las cejas. ¡Si se supone que lo tenemos todo! Pero no es así. Yo no sé ustedes, pero yo, de mi infancia, recuerdo más las sensaciones que las cosas materiales. Los detalles, las miradas, las caricias, las palabras, las esperas, las promesas…  La ilusión de ese 6 de enero ha durado mucho más que los juguetes que luego encontraba. La magia compartida con mis hermanos, ¡buf!, eso sí qué es grande.

Seleccionar, buscar, elegir, decir que no, rechazar, buscar aquello que realmente nos hace crecer y nos permite dormir con la conciencia tranquila… Aunque mucha gente no lo entienda. Si algo exprime esa ilusión vital se va de mi camino. Aunque duela, aunque suponga sacrificios. Vale la pena.

imgp1968Hace una semana dudé entre seguir la senda que he creado en Valencia o buscar otro camino, quizás más sencillo a nivel económico. Dudé, pensé mucho. Y ya, cuando tenía todo listo para solicitar ese puesto de trabajo en otra ciudad, lejos de donde tengo mis raíces ahora, decidí que no quería hacerlo. Y no lo hice. Ninguna crisis va a privarme del placer de poder comerme una paella con mis suegros o celebrar con mi madre su 76 cumpleaños. Siempre se sale adelante, con mayores o menores dificultades.

Esos pequeños detalles son los que llenan mi balanza de la felicidad. Los más importantes.

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piloto-descubriendo-mundoComo cada vez tengo menos tiempo para pasarme por aquí, me encantaría convertir este pequeño terrenito virtual en mi jardín de sensaciones. Quizás deje un poco más de lado mi lado guerrero y dé más cancha al reflexivo. Sobre todo porque lo que suele despertar el fuego del dragón suele ser lo mismo, año tras año (obispos absurdos, la incoherencia, la codicia, la ignorancia, la discriminación, la mentira) y ya me cansa hasta mí misma ver siempre lo mismo. Si en 3000 años nos siguen moviendo los mismos impulsos, podría pasarme el resto de mi vida quejándome, usando la ironía para entender este mundo que tanto me cuesta entender. Porque la corriente de fondo que nos mueve, con toga o con Armani, será la misma.

Así que me he cansado de bufar y prefiero adoptar otra actitud, al menos en este blog.  Porque el fuego que mueve este dragón se alimenta de sensaciones. Cuando veo algo que hace daño y que me parece injusto, suelto llamarada. Y es tan agotador… Prefiero centrarme en el eje, las emociones, y buscar el modo en que la vida no se convierta en un cristal punzante, movido con rabia por hilos incomprensibles. Vale más la pena.

Compartir mis claves de la felicidad, me parece mucho más útil que mi ironía.

Y eso pienso hacer. Hoy empiezo con la base: establecer las prioridades vitales. Algo tan supuestamente sencillo pero que nos parece inalcanzable. Porque, ¿podemos elegir o la vida nos mueve hacia donde quiere?

Yo creo que las dos cosas a la vez. Creo que la vida nos pone en el camino con unas herramientas distintas, ni mejores ni peores, sino distintas. Y luego le toca a cada cual decidir qué hacer con ellas. Decidir, elegir, rechazar, buscar, dudar … buf, cómo cuestan, pero son las acciones que nos pueden ayudar a ser más felices.

Pero eso sí, necesitamos marcarnos una ruta vital. Al menos saber qué no queremos o qué es imprescindible. Qué es prescindible, aunque sea temporalmente, y qué no lo es.

Te invito a hacer una lista de las 5 cosas en la vida que son más importantes para ti, y sin cuáles de ellas no quieres vivir. Si deseas compartirlas conmigo, siéntete en tu casa para hacerlo. Seguimos hablando.

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