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Archive for the ‘situación española’ Category

Que el periodismo atraviesa una etapa gris, creo que es fácil de argumentar. Con ver los informativos de cualquier cadena de televisión- más parecidos al Caso injertado con Vídeos de Primera- se defiende mi planteamiento.

Una vuelta de tuerca más la vemos hoy con el editorial de una de las biblias del neoliberalismo actual, The Wall Street Journal. Los gurús de la nueva era nos han regalado una brillante y sagaz conclusión: ganar un campeonato del mundo en un deporte como el fútbol no borra la crisis de un país. Dios, la gente corre despavorida por las calles de España ante semejante aseveración. Tumultos, suicidios en masa. Pánico total.

¿Pero tan imbéciles se creen que somos? Es una obviedad como un rascacielos. El editorial enterito no tiene desperdicio. Si fuera mal pensada incluso diría que fue escrito por alguien de esta parte del océano, de tanta mala baba que desprende, por alguno/a de quienes con tal de volver al poder harían como esos pirómanos bomberos tan deleznables. Como no lo soy, me quedo pensando que esa mirada tan corta e infantil simplemente obedece a otra serie de intereses.

Después de ridiculizar las afirmaciones de varios ministros españoles que aseguraban que la victoria de España supondría una mejora económica para el país (burlándose de que en todo caso ayudaría a los bares y la venta de vuvuzelas), acaban diciendo su receta mágica (la que tanto éxito ha dado en Estados Unidos, ¿no?)

“Were Madrid to liberalize its labor market, more aggressively consolidate its savings banks, and drop its income, corporate, and capital-gains tax rates, it would do more for economic growth than a hundred World Cups.”  Vamos, lo de siempre: liberalizar el mercado laboral y bajar impuestos.

A esos ilustres portavoces del capital salvaje les recordaría varias cosas. Por un lado, que el mercado laboral lo conforman seres humanos, no máquinas. Seres humanos con cuyos impuestos y sacrificios se han salvado de la quiebra a muchos bancos y empresas gigantescas símbolos de ese neoliberalismo que tanto defienden.  Si su avaricia infinita hubiera tenido límites, tendríamos muchos más ahorros en nuestras cuentas públicas sin necesidad de tener que recortar derechos ahora. Encima de que por su culpa retrodecemos, encima sacan pecho. ¡Tendrán valor!

A las máquinas les da igual tener derechos (veremos en un futuro, porque hasta eso cambiará). Pero a los seres humanos, no. Manías, ¿verdad?

Las máquinas no están condicionadas por las emociones. Pero los seres humanos sí. Es lo que nos hace ser tan especiales y valiosos. Y esas emociones tienen mucho que ver con el cambio en positivo a que hacían referencia nuestros ministros. En muchos sentidos.

A las máquinas igual les da lo mismo ver cómo se humilla sistemáticamente a su sociedad y su economía por parte de señores cuyas sociedades tan desarrolladas, por cierto,  permiten que millones de ciudadanos/as no tengan asistencia sanitaria básica. Pero a las personas sí. Afecta en la autoestima colectiva. En la confianza, en la ilusión de ir a trabajar todos los días, generar puestos de trabajo o buscar empleo.

A las máquinas no les afecta a la hora de consumir la imagen negativa que da un país cuyo nombre sale día tras día relacionado con fracaso. Cosas del ser humano: nos atrae estar cerca de quien triunfa. Y ser los mejores en el deporte más mediático y de mayor impacto social del planeta ayuda a tener una mejor imagen como sociedad. Te miran de otro modo, asocian tu nombre con otros valores. ¿Tanto cuesta verlo? ¿O más bien, reconocerlo? ¿Les suena el marketing?, pensaba que igual ustedes sabían algo sobre eso.

¿Que la economía española no es perfecta? Lo sabemos. ¿Que necesitamos muchos cambios? Lo sabemos. Quizá no precisamente los que ustedes, ilustres gurús, nos quieren vender. Mírense a ustedes mismos. ¿Con qué derecho se atreven a darnos lecciones en economía? Ustedes, su país, los responsables del origen de esta crisis global. Yo he vivido en EE.UU. y sé las grandes cosas que tienen como sociedad. Y también las que son indignas, que son un buen puñado. Al menos en España no se muere una persona de cáncer por no tener asistencia sanitaria a su alcance, como han muerto las madres de varios amigos míos estadounidenses. Así que lecciones las justas, señores míos. Aquí quien único tiene derecho a criticar a nuestro país somos los españoles. Y como mucho los europeos, por formar parte de la UE. Ustedes, mejor mírense el ombligo que el olor a mugre llega hasta mi ventana.

Basta ya de tomarnos como diana, déjennos en paz. Por primera vez en muchos meses la sociedad española está unida, desprende energía positiva e ilusión. Me da igual si es por el deporte. La ilusión es el motor que alimenta el cambio. Si no vienen a echar un mano, como diría el conocido dúo,

Por eso vete
olvida mi nombre
mi cara, mi casa
y pega la vuelta
[…]

vete olvida que existo
que me conociste
y no te sorprendas
olvídate todo que tú
para eso tienes experiencia

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Aquí voy, sentada en un tranquilo tren con destino Sevilla. Un finde fantástico en Córdoba– la Noche Blanca de flamenco, un puntazo. Cansada aún por las poquitas horas de sueño de estos últimos días, pero muy contenta por las sensaciones vividas. Como siempre, en cada escapada vivimos momentos muy especiales, porque nuestras clientas son un regalo, nunca me canso de decirlo.

Tengo muchas ganas de seguir creciendo, que esta crisis pase y toda esa gente que desea venir a nuestras escapadas pueda hacerlo porque de nuevo tengan un trabajito o no tengan que mantener a un familiar parado en estos tiempos extraños.

Porque esta crisis pasará, como siempre. Hemos pasado por guerras, toda clase de enfermedades y aquí seguimos, no nos hemos extinguido. Hemos aprendido muy poco de los errores pasados, pero debe ser una cuestión genética esta incapacidad del ser humano para aprender de lo vivido. Aún así, seguimos.

A diferencia de otras épocas o de otras latitudes, esta crisis sobre todo es un golpe de realidad ante unos años de locura colectiva. Aunque la solución al consumo histérico de estas últimas décadas no es dejar de consumir radicalmente, para nada. La respuesta pasa por ser más responsables. Pero todos y todas. Muchas veces nos quejamos del paro que nos rodea pero luego consumimos sin querer saber por qué un producto traído de la otra punta del planeta es más barato que el elaborado a 20 km de casa. Lo queremos todo: cobrar como suecos y pagar sólo el salario de un semi-esclavo oriental mirando para otro lado. Tener el estado del bienestar de Noruega pero pagar los impuestos de una república bananera. Tener unos servicios públicos de calidad pero aprovecharnos todo lo posible del sistema. Vivir en el primer mundo pero con los conocimientos tecnológicos, culturales y lingüísticos de paises alejados del desarrollo. Ganar mucho como empresarios, pero invertir poco o nada en nuestro entorno. Y así, queridos y queridas, no se puede. Esto peta. Como ha pasado. Está claro que los trileros de la bolsa y de la banca se han pasado con la partida, pero el problema de España es más de fondo. Y no sólo se debe a la corrupción endémica, al amiguismo que evita la selección natural del mejor por el mejor enchufado, aunque sea un inepto, o a una universidad estancada en el Siglo de Oro. El problema de fondo nos afecta a todos y todas. A nuestro concepto colectivo del triunfo basado en el éxito fácil, de la picaresca que llevamos en nuestro ADN. Es nuestro cáncer como país y es lo que deberíamos y podemos cambiar. Día a día, gesto a gesto. El día que este país valore a todas esas personas que aportan conocimiento, respuestas, riqueza, valores por encima de dionis, belenes esteban, marios conde, pachulis, grandes hermanos y compañía. El día que este país haga sitio a todos esos cerebros brillantes que un día salieron de España para crecer pero que ya no pueden volver, porque no les dejamos. El día que este país señale con el dedo y deje de admirar a quien enchufa, a quien pasa sobres llenos de dinero por debajo de la mesa o regala bolsos y trajes de lujo a cambio de privilegios administrativos, a quien se forra cobrando en negro. Ese día, ese día estaremos preparados para crecer de verdad, no como una falla de cartón piedra o un bizcocho.

Mientras tanto, no perdamos la fe y sigamos trabajando por esa sociedad que queremos y podemos construir entre todos y todas. Porque de igual modo que esta tierra ha parido monstruosidades como la Inquisición o la perdición de la picaresca, también ha dado a luz a genios de todos los colores. Somos un gran país, plural, diverso. Claro que podemos.

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Cómo anda el patio por estas tierras españolas… Cosas que pasan cuando Cenicienta le coge el gusto a la vida de rica y hace lo que sea para que su encantamiento dure todo lo posible. Esa es España en este 2010: la que se mira al espejo después de muchos años de estar encantada, viviendo una realidad ficticia. De rápidos beneficios, de pelotazos de todo tipo, de dinero que corría de un lado a otro, histérico. La España del enchufe infinito, la que no premia al mejor, sino al mejor colocado.

Esta crisis que vivimos en España es producto de una bola aún mayor, pero la particularidad española tiene mucho que ver en el modo en que se ha gestionado este país en las últimas décadas. Cuánta gente quería ser Cenicienta en su noche mágica. Qué duro era volver a ser nadie. Y por ir en calabazas Audi, lo que fuera. Al precio que fuera.

Hoy vemos un nuevo episodio de corrupción en el partido que se rasgaba las vestiduras a finales de los 90 por los casos de corrupción en el seno del PSOE. Escandalosas cifras de gente destacada que se ha metido en política para algo más que gestionar el bien común.  Gente que en gran medida es responsable de haber promovido todo un estilo de gobernar absolutista, nepotista, lleno de agujeros negros, relaciones extrañas, dinero público desaparecido. De pelotazos urbanísticos que consiguieron expandir la extraña fiebre de la Cenicienta que sólo quería vender el solar de sus abuelos, ir en Audi y comprar el televisor más grande del mercado, aunque no tuviera salón para meterlo. No estudiar, no reciclarse, no buscar nuevas líneas de negocio, no diversificar. España.

Hoy Cenicienta se mira al espejo, con la sensación de haber perdido mucho por el camino. Y con ella, toda una sociedad que ha despertado a base de paro, quiebras y EREs. Menudo batacazo. El dinero histérico se ha esfumado. Y como siempre, las hormiguitas que pasan de créditos imposibles y coches de ensueño, que pagan sus impuestos y no se enriquecen por arte de magia (ni les toca la lotería todos los años), son quienes nos sacarán adelante.

Porque las Cenicientas de Gürtel irán a la cárcel- o no. Algunas seguirán gobernando, porque la ignorancia o la complicidad son cosa difícil de erradicar en una sociedad sin cultura democrática como la nuestra. Pero todas disfrutarán de sus suculentos huesos escondidos en las largas noches de princesa encantada. A nuestra salud.

Con lo fácil que era mandar el cuento a tomar por saco… Pero la avaricia, ay, la avaricia.

Yo ya ni me altero. Miro hacia adelante, confiando en la buena gente que nos rodea, que es mucha. Asqueada, sí. Pero no desanimada. Mientras tenga fe en mi misma y en mi conciencia, razones tendré para no perder la esperanza.

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No es fácil, por supuesto que no. Crear un proyecto nunca es fácil. Menos aún cuando buena parte de las estructuras sociales que te rodean pasan más tiempo en lamentar una situación negativa que en ponerse manos a la obra de verdad para recobrar la confianza colectiva perdida.

Porque esta crisis, por encima de todo, es una ruptura de confianza. Motivada, por supuesto, porque la avaricia desmedida ha roto el vaso en mil pedazos.Y cuesta confiar.

Pero en una sociedad necesitamos confiar en los demás para avanzar. Ladrones, avariciosos, mentirosos han existido siempre. Y aunque nos cuesta aprender de los errores pasados, hay que seguir. Sabiendo que están ahí, que seguirán ahí. Pero junto a ellos mucha gente honesta y trabajadora.

No podemos olvidar que las estructuras las creamos las personas. Y que cuando hablamos de empleo tiene que haber personas ideando, apostando, buscando recursos de todo tipo para crear un proyecto que necesite de otras personas. Porque el empleo no sale del grifo.

Sería mucho más fácil emprender si viviéramos en una sociedad que valorara el espíritu emprendedor- algo muy lejano del imaginario colectivo español, donde ser funcionario sigue siendo el sueño más grande. O si hubiera más ayudas reales por parte de todas las administraciones para fomentar el autoempleo. Pero no es el caso.

Aún así, vale la pena. Es duro, es sacrificado, hay días más difíciles, cantos de sirenas pesimistas inundando nuestros oídos, pero el esfuerzo se recompensa cuando ves los pequeños detalles de un sueño hecho realidad.

Vale la pena emprender. Si deseas hacer otras cosas, si no te gusta lo que haces, no esperes a que te ofrezcan la llave que estás buscando: diséñala y conviértela en realidad tú mismo, tú misma.

Vale la pena soñar despiertos/as.

 

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Ya comenté hace unas cuantas entradas que tenía necesidad de utilizar este blog ya no tanto para hacer crítica social sino para transmitir un poco de esperanza en este año tan mal vendido.

Sobre todo pienso en todas esas personas que han perdido su empleo y que sienten mucho vértigo ante su próximo futuro. Ahora más que nunca es fundamental no perder la esperanza, no venirse abajo y pelear.

Las redes son un espacio clave para apoyarse, para transmitir los mensajes de búsqueda de empleo. El boca a boca es muy importante. Pero no sólo pienso en las redes como una herramienta de proyección (para llegar a más gente), sino como un elemento de apoyo emocional. Hay millones de personas en España ahora mismo que sienten que les falta el suelo firme donde apoyarse.Y es muy importante crear grupos, espacios de apoyo mutuo donde compartir información, contactos, y sobre todo, insisto, esperanza.

Porque saldremos de esta. Quienes puedan que aprovechen todo lo que tengan a su alcance para reciclarse, para buscar nuevos conocimientos y habilidades. Internet está llena de información muy muy útil y gratuita. Las bibliotecas públicas tienen ordenadores a disposición de la gente, hay libros, periódicos… Aprovecha este tiempo para desarrollarte, para aprender cosas nuevas. Nunca es tarde. Márcate una nueva ruta.

Para algunas personas, el autoempleo puede ser una buena opción. Pásate por las Cámaras de Comercio de tu zona para que te orienten. Quien sabe, quizás por ahí puedas tener un nuevo camino. No es fácil (en eso estoy yo desde hace unos meses), y hay días que te cuesta ver con claridad, pero otros muchos puedes vislumbrar el sendero.

No estés solo, sola. Busca asociaciones donde compartir tus temores y animarte. Intenta transmitir ese ánimo, porque si todos y todas hacemos lo mismo, nos llenaremos de fuerza y nos será más fácil pensar y actuar.

Mucho ánimo y por favor, no pierdas la esperanza.

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Lo peor a estas alturas no es que estas tierras valencianas apesten a corrupción. Ni que quien va a juzgar al Presidente Camps sea amigo suyo (por él dicho el año pasado). Ni que Canal 9 evite este tema. Eso es el pan nuestro de cada día.

Lo peor es que la gente o no se lo cree o le da igual.

Que esto es un cortijo del PP es indudable. Son muchos años de mayorías absolutas. Y de absoluta a absolutismo hay pocos pasos para algunos equipos de gobierno. Las cosas que se ven en el día a día te demuestran que esto es un mundo aparte. Mucho populismo, mucho aparentar y disimular los desconchones, mucho invertir chorros incesantes de dinero público en proyectos que realmente benefician a unos pocos (pero no veas qué bonitos pa la foto) y que no se rentabilizan adecuadamente. Tratos de favor, amiguismos, férreo control mediático. Lo de Orange Market yo creo que no inmuta a nadie, porque quien vive aquí sabe lo que hay y decide en qué lado situarse. Sin ambages.

Por eso, lo más duro para mí es la reacción de la inmensa mayoría de la gente. Aunque vieran sangre correr por la acera, si Canal 9 dijera que es tinta, sería tinta y la millor del mon, per supost. El otro día, en una comida familiar, salió el tema de la imputación a Camps: todo era un montaje del PSOE. Aquí todo lo malo es culpa del PSOE. Si sólo te nutres de Canal 9, esa es la gran conclusión. Si nieva, si llueve más de lo debido, si se cae algo, si se muere alguien, … la culpa siempre es del PSOE. Así que la maquinaria de Canal 9 lo ha tenido fácil esta vez también: todo ha sido un montaje electoral. A ver qué se inventan para justificar que el proceso siga su curso.

Y peor aún es ver a esa gente que incluso reconociendo malas artes las apoyan. Que les da igual que el partido que reina aquí confunda lo público y lo particular (ay, cuántas experiencias hemos vivido en ese sentido: “esto no lo reparto yo porque pone a parir a mi partido y no me da la gana”).

Yo, llegada a este punto en que miro con envidia a otras latitudes, sólo pido que la gente reflexione. Si es feliz con las políticas del PP, me parece genial. La mayoría decide. Tan sólo les pido que por favor dejen de apoyar, aplaudir, consentir el nepotismo. Creo que otro Partido Popular es posible. Creo que quienes vivimos en esta tierra fabulosa lo merecemos. Ojalá todo esto sirva para limpiar tanta mierda y empezar otra forma de hacer las cosas, gobierne quien gobierne.

No sé si soy optimista, no sé si tengo razones para serlo.

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Voy a mil, realmente no tengo tiempo para pasarme por este espacio que tanta paz me da. Pero hoy no puedo evitarlo: necesito expresar mi rabia.

Anoche estuvimos en la cama hablando hasta no sé yo qué hora, de los planes b, de los sueños (todo empezó porque nos pusimos a pensar que haríamos si nos tocaran los 100.000 euros que sortea Central Lechera Asturiana). Siempre que tocamos ese tema de las oportunidades me entra el desconsuelo de saber que me ha tocado nacer en un país fabuloso en muchas cosas, pero horrible a la hora de valorar a quienes emprenden. Aquí el que triunfa es quien consigue hacerse funcionario; a quien emprende se le mira con esta carita de “madre mía, la pobre” y se le desea suerte como si se dedicara a jugar al bingo.

Yo lo entiendo. No hay mala fe tras esas palabras sino el reflejo de una realidad: vivimos en una sociedad medieval, donde la sangre, el nepotismo es quien rige el destino de una localidad o región, cuales reyes de taifas o señores en sus castillos. Aquí no cotiza el conocimiento, el potencial, la capacidad, la valía sino el vasallaje y el ser primo, cuñada, hermano, sobrina de. Sobre todo en algunas regiones como la valenciana. Con sus mil y una historias de becarios hijos de (caso IVEX), el cortijo de Fabra (“Yo no sé la cantidad de gente que he colocado“, publica hoy El País-no dejen de leerlo) o el más reciente Orange Market donde en vez de seis empleados debían tener ciempieses pa llegar a tanta cosa adjudicada, entre muchos otras historias igual de despreciables.

Mi gran dilema es saber que he descartado varias oportunidades en otras latitudes que sí valoran, premian y animan a quienes emprenden, a quienes son creativos y críticos por quedarme en España. Sueño con que esta sociedad cambie y funcione de otra manera más justa e inteligente. Más democrática. Porque me gusta mi país. Sueño y peleo, aunque haya días en  los que miro al pasaporte demasiados segundos…

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