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Posts Tagged ‘Canarias’

Bon día desde esta Valencia por fin soleada. No me acostumbro al cielo gris en esta tierra, y desde el miércoles no ha parado.

Aprovechando el sol, conecto ideas. Estoy muy contenta porque una comunidad virtual que creé hace un par de meses está cogiendo vida. Se llama Frontera Canaria y su intención es convertirse en un punto de encuentro para aquellos canarios/as que vivimos fuera de las Islas. Poco a poco la cosa va cuajando y me llena de satisfacción, porque aparte de potenciar las redes, ayuda a encontrar respuestas. Por lo menos a mí me está ayudando a encontrarlas (por qué siento que no puedo volver allá a pesar de la añoranza).

Así que si conocen a algún canario/a fuera de su nido, que se pase por Frontera Canaria . Se sentirá como en casa.

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En vista de que me sigue costando volver a la rutina, vuelvo un rato al blog, a ver si la ironía consigue despertar mi adrenalina, arrinconada, abrumada por el pesar y la tristeza.

Estos días no he parado de leer los medios de comunicación digitales, tanto estatales como canarios, y entre tanta tristeza he visto algo que de tan absurdo me ha llamado la atención. Sabía, porque me lo comentaban amigos, que el pleito entre islas (cosas típicas de hermanos) está alcanzado cotas surreales- por ser educada-, pero lo que he leído lo termina de confirmar: que todo un editor de un periódico haga un ensayo airado sobre por qué Gran Canaria no debería tener el “gran” (justo cuando los habitantes de esa isla están viviendo en primera persona una tragedia colectiva indescriptible) me hace llegar a las siguientes hipótesis:

1. Ese señor se dio un golpe en la cabeza, pero golpetazo, y nadie aún se ha dado cuenta a su alrededor y por eso sigue hablando en nombre de un medio de comunicación (algo que debe ser una epidemia en toda España, ahora que lo pienso).

2. Ese señor comió demasiado chorizo de Teror y del empacho le quedó un trauma pa toda la vida contra Gran Canaria. Yo eso lo entendería, porque el chorizo de Teror (se parece a la sobrasada mallorquina, pero es muy diferente, un poco más dulce) está muy bueno pero en grandes dosis debe ser fatal, fatal pal cuerpo. Igual habría que poner algo en el envase, por si acaso.

3. Ese señor está abducido por fuerzas alienígenas venidas de un planeta donde se mueren de envidia por no tener enclaves tan mágicos y únicos como las Islas Canarias. Por lo que me cuentan, no sería el único. Formaría parte de un plan para sembrar el odio entre hermanos, conseguir la autodestrucción de las islas y de ese modo, paliar la envidia del planeta Lakah (no sé si se escribe así).

4. Ese señor, por causas aún desconocidas, se quemó las terminaciones nerviosas que regulan la empatía y el sentido común en los seres humanos. Y por ese motivo dice absurdeces en los momentos más inoportunos. Tengo una amiga que se rie cuando está triste. Igual este hombre tiene algo así y tampoco nadie se ha dado cuenta a su alrededor.

5. No hay más hipótesis.

La cuestión es que este hombre no está bien. No sé por qué motivo (me inclino por el chorizo de Teror), pero me da hasta lástima y todo. ¿Nadie a su alrededor le puede llevar al médico? A ver si lo que tiene es contagioso… Yo, de todos modos, estoy vacunada contra alienígenas (en Valencia tienen hasta escuelas), ya no como carne (con la mía, me sobra), tengo una cabeza dura que me protege de los golpes (no así el corazón) y por desgracia, me desborda la empatía. Nadie va a conseguir que menosprecie a ninguna de las Islas Canarias, porque todas ellas, islotes incluidos, van conmigo dondequiera que vaya. Siento un algo especial por la isla donde nací, es normal, pero no concibo un Roque Nublo sin el Teide de fondo, majestuoso como siempre. Somos hermanos y hermanas, canarios todos. Y por encima de bromas y piques típicos entre hermanos, nos une la lava, el Atlántico, el alisio y una historia común. No es cuestión de competir sino de abrazar.

Que vengan Mulder y Scully y nos libren de tanto absurdo, por favor.

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Como miles de personas en este país, aún sigo en shock. Incapaz de creer lo que ha pasado, incapaz de reaccionar y seguir con la rutina. Triste, profundamente triste. Y muy mosqueada. Porque la involución que hace años que estoy viendo en el ámbito del transporte aéreo ha tocado techo.

Si algo es vital para los canarios, son los aviones. Vivimos en islas, muy lejos de la Península Ibérica. Es el medio que nos ha facilitado la vida, que nos ha permitido salir, estudiar o trabajar fuera de las islas. O simplemente, conocer el mundo. Ni tren, ni coche, ni autobús, ni barco: el avión es nuestra conexión más allá del Archipiélago. Por eso este accidente tiene una dimensión tan grande: porque no sólo ha partido por la mitad a cientos de familias, a miles de amigos, sino porque además nos ha hecho sentir vulnerables a cientos de miles de canarios que sí o sí usamos el avión para vivir o para alimentar las raíces de quienes vivimos fuera de las islas. Es imprescindible que se aclare lo que ha ocurrido, que se aclaren las anomalías que muchos pasajeros (incluida quien escribe) reportan y que haya una reflexión abierta en la sociedad.

Hoy los grandes canes aúllan, desconsolados, por todo el planeta Tierra. Dicen algunos que se les oye desde la Luna…

Volar no puede ser barato. Punto. Un billete de avión no puede costar menos que un billete de autobús o de tren. En algún sitio estamos pagando: si no es con el bolsillo es con la seguridad o la comodidad. Desde hace años, volar se me está convirtiendo en algo molesto y busco cualquier excusa antes de tener que coger un avión. Algo que me resulta extraño, porque desde adolescente he volado mucho, incluso en vuelos intercontinentales. Pero sé por qué: la mentalidad del bajo coste ha hecho que se pierda calidad y seguridad. Hoy es imposible, aunque quieras pagar más, poder volar con los estándares que viví en los 90. Igual es una ilusión mía, pero mi experiencia en los últimos años me da la razón. La dura competencia con el bajo coste, los precios del petróleo y otras circunstancias relacionadas con el terrorismo post 11S hacen que haya una nueva mentalidad en las líneas aéreas. Repostajes mientras los pasajeros embarcan (eso lo he vivido en Vueling, por ejemplo), aviones que nada más llegar-con retraso- ya están preparando la salida, meter más asientos e ir como en una lata de sardinas, naves pasaditas de edad (asientos desfondados, mesillas que no terminan de cerrar bien), falta evidente de personal, etc. etc.

Tiene que haber un cambio de mentalidad. Exigir precios mínimos que sean lógicos en el mercado para que los estándares de seguridad y comodidad puedan ser mayores, que se disponga de aviones en reserva para cubrir aquellos que como el de ayer, no iban bien (el destino no da dos oportunidades). Pero así no podemos seguir. Es una locura.

Ayer le tocó a Gran Canaria, a los canarios en general. Pero podía haberle pasado a cualquiera. Fue una tarde de llamar a la gente, comprobar si alguno estaba en el vuelo (toda mi gente habría podido estar en ese avión, porque es una conexión básica con Gran Canaria: una se libró por dos días), ver las noticias, alucinar, llorar. Los canarios que estamos diseminados por todo el planeta estábamos insertados por la preocupación, la tristeza, la incredulidad. En momentos así te das cuenta de lo grande que es el Archipiélago canario, porque su frontera da la vuelta a la Tierra. Aunque estemos lejos, y somos tantos y tantas, llevamos en el corazón a nuestra isla, a la gente que vive en ella. Te imaginas en esa terminal, donde iban mis padres con tanta ilusión a recogernos cada vez que volvíamos desde Madrid, te imaginas en la piel de tantas familias que de repente han perdido a una persona querida. Escuchas a esa señora mayor que habla como tu madre, con ese acento tan dulce y tan mágico, que esperaba a sus nietos. Y no puedes evitar sentir su ansiedad, su dolor, su incertidumbre.

Un avión apuñaló ayer a mi isla. La atravesó desde Galdar hasta Maspalomas, desde Mogán hasta Las Palmas de GC, desde la Aldea hasta Gando, dónde clavó su filo hasta el fondo. Tardaremos tiempo, como pueblo, en curar las heridas, sobre todo hasta que no se aclare qué pasó y qué se va a hacer para evitar otro accidente así. Por lo pronto, sólo podemos estar al lado de quienes han perdido tanto. Desear que los heridos se recuperen y que el reconocimiento de las víctimas sea lo más rápido posible.

Hoy los grandes canes aúllan, desconsolados, por todo el planeta Tierra. Dicen algunos que se les oye desde la Luna…

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