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Posts Tagged ‘construcción’

Ya te digo. A ver si me aclaro: unas personas montan un negocio. Durante años se dedican a lucrarse escandalosamente a base de abusar de la necesidad de la gente de tener una casa. Pero los gobiernos no intervienen en los precios, porque claro, el mercado no se puede intervenir.

Luego estos trileros de guante blanco se emocionan, tanto que rompen la cuerda, como dice el señor Almunia hoy, “por avaricia”. Y entonces intervienen los gobiernos porque los trileros hacen las maletas y dejan al sistema en pañales.

Ajá.

O sea, gilipollas por todos lados somos, ¿no? Les enriquecemos, se forran, ahorran en las Caimanes, nadie dice nada, se pasan, la joden, se piran, el muerto pa otros. Y de nuevo, tenemos que poner la cara a través de las instituciones que pagamos nosotros con nuestros impuestos. Y mientras, seguimos pagando a los otros trileros, los del banco, aunque todos sabemos que fue una gran estafa, que estamos pagando un timo. ¿Ahí no intervienen los estados, verdad?

Eso es lo que ha pasado en Estados Unidos y que pasará aquí, siguiendo la lógica (si no ha pasado ya).

Vaya capitalismo más raro es este, de verdad. Pero raro, raro.

Lo de libre mercado, mira cómo me parto.

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tina-y-bette.jpgCon el estómago confundido con el cambio horario, pienso en lo curiosa que es esta vida. Dos temas se entrecruzan en mi cabeza, cada uno proveniente de un mundo distinto: el fin del tocomocho inmobiliario y el fin de la quinta temporada de The L Word (si no la has visto y piensas hacerlo, mejor no sigas leyendo). Así funciona la mente de una activista como yo, supongo. Que también somos humanas, y lloramos, y nos emocionamos como quinceañeras cuando Bette y Tina vuelven juntas.

Respecto al tocomocho inmobiliario, evidentemente me preocupa su impacto global, pero era hora de que este negocio usurero se diera una buena hostia. La avaricia y la estrechez de miras de algunos empresarios de este país ha seGrúas Valencia (El Pa�s)guido el ciclo obvio de cualquier estafa multitudinaria: darse de bruces con el suelo. Nada dura eternamente. Ese suelo, ese bien básico que es la vivienda, con el que se han forrado de la noche a la mañana una parte especuladora que hoy, poco a poco, va poniendo el candado. Justo anoche hablábamos de las comisiones de las inmobiliarias, de los precios absurdos por viviendas que no pasarían ninguna inspección de calidad. De como un piso subía de un día para otro tres millones de pesetas. Del descontrol. De las hipotecas sangrantes. Está claro que nadie se ha aplicado la lección: con los bienes básicos no se debe especular. El tocomocho seguirá, con la complicidad de ayuntamientos, gobiernos autonómicos y mirada ausente del gobierno estatal. Así es este sistema.

Me preocupa qué pasará en este PAI Valenciano, con gobernantes más miopes aún, que sólo saben mirar al futuro a base de proyegolf-benicassim.jpgctos carísimos que giran entorno a la construcción. ¿Para qué invertir en una economía diversa habiendo monocultivos supuestamente rentables? Lo del golf es de cachondeo ya. Terminarán poniendo peña de cartón piedra en los miles de campos de golf que pretenden plantar aquí, para disimular cuando pase el satélite, digo yo. No niego que el golf pueda dar dinero, pero convertir el País Valenciano en un campo de golf entero (excusa genial para seguir construyendo pisos, más pisos al estilo de los hermanos Marx), es directamente un suicidio. Que seguiremos pagando con nuestros impuestos y esa deuda que no para de crecer. Al menos esta locura está dando señales de aviso, pero me temo que hay muchos intereses en juego y aquí nadie querrá verlas.

Lo que sí querré ver, al menos yo, es la sexta temporada de The L Word. Una serie que me tiene enganchada como a millones de lesbianas de todo el planeta. Debo reconocer que me equivoqué al analizar esta temporada que acaba de terminar. Ha tenido elementos interesantes, aunque algunas historias han llegado a un límite muy poco creíble (lo de Shane, demabette-porter.jpgsiado). De todo, me quedo con el interesantísimo ejercicio de metacine de la peli Lez Girls y, por supuesto, con el personaje fabuloso de Bette Porter (la actriz Jennifer Beals). Su trayectoria desde las primeras temporadas ha sido fascinante. ¡Y esa reconciliación! Hay otros elementos que destacar, pero lo comentaré otro día.

En fin, una cosa demuestra el fenómeno que rodea a The L Word: la industria de la televisión se quedó en el siglo XX. Internet y la solidaridad de algunas personas nos permite seguir productos televisivos a escala planetaria casi al momento de su estreno en el país de proyección (incluso con subtítulos en otros idiomas). Esperar años cuando millones de personas lo están siguiendo ya me parece realmente absurdo. Pero ese no es mi problema. Mientras Yoda y su gente sigan adelante (mil gracias a todas), la industria que haga lo que considere oportuno.

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Prometo que no hablo bajo la influencia vengativa de una noche de insomnio (hasta las cuatro tuvimos clase de batería con los cristales de las ventanas, gentileza de la orquesta ¿Diamante? o algo así), porque es algo que llevo tiempo pensando. ¿Sólo a mí me parece inmoral que alguien se gaste casi un millón de euros en un monumento fallero? Un millón de euros que se sostiene en pie durante una semana y que luego es pasto de las llamas…
No sé, creo que esto es una locura. Además de que resulta inevitable hacerse otra pregunta: ¿de dónde saca un grupo de vecinos semejante cantidad de dinero SÓLO para construir la falla (luego están las mascletás, escenario, orquesta, carpa, luces, etc.?). Más aún: ¿Hacienda investiga el origen de ese dinero? Les confieso que llevo años con esa pregunta atravesada en mi cerebro.
Creo que queda claro que el señor Armiñana, ilustre señor del ladrillo y dueño de la susodicha falla, inyecta pasta por un tubo en su falla como promoción urbanística de un barrio nuevo. Pero, ¿y qué pasa con la fiesta?
Igual soy una ilusa incapaz de aceptar que el hormigón corre por las venas de este País Valenciano, configurando las inquietudes del valenciano/a medio del siglo XXI que bendice un PAI a costa del verde de su tierra, que aplaude la recalificación de espacios deportivos para que los clubes de fútbol encabecen la liga de la especulación urbanística (cuyos dueños son los mismos de las PAIs) y que se llena de satisfacción al ver cómo de nuevo el ladrillo- siguiendo su estela imparable-también se ha adueñado de las fiestas populares. Lo que no consigo entender es cómo esa sangre no se enerva cuando a miles de chavales/as valencianos les toca estudiar en uno de tantos barracones de quita y pon que inundan esta tierra hiperedificada. Joder, esto es el mundo al revés. Pero me temo que no lo veremos reflejado en los próximos millonarios bocetos de la premiada Nou Campanar. Menos mal que aún queda espíritu crítico en otras comisiones falleras de la ciudad, menos mal. Porque este rh gris tiene al personal ensimismado. Normal que luego lo flipen tanto con las fantasías millonarias de los señores del hormigón, parábola perfecta de la gran mentira en que vivimos aquí. Normal. En esta tierra mágica donde todo va tan bien y vivimos en castillos super bonitos y mega caros. Castillos que, para desgracia de mis futuros hijos, al final terminarán enseñando su verdadera composición. Que no es otra sino aire. Y el aire, por mucho que lo pintes y encierres en figuras hermosas, no paga médicos, ni escuelas, ni futuro. ¿Cuándo se dará cuenta la gente de que el emperador realmente va desnudo?

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De vuelta en España tras un dificultoso regreso (qué mal está el Prat, por favor), la vida sigue con sus líos y sus planes. Mientras mi mente intenta aterrizar y acoplarse al resto del cuerpo, veo con estupor cómo los grandes mafiosos de este país siguen haciendo de las suyas. Los capos del cemento y la masa amorfa de parásitos que los rodean siguen destruyendo este hermoso país, sin que las sentencias judiciales puedan pararlos. Con dos cojones, sí señor, y el resto a mirar a otro lado, por si tocan migajas.
Quememos, esquilmemos, talemos lo que se nos cruce por delante. ¿A quién narices le importan los nidos de un par de pajarracos en vías de extinción? ¡Vivan las urbanizaciones y los campos de golf! ¡Viva el hormigón armado! Si no hay agua para tanto negocio, ya la traeremos del Volga o del Mississippi, que no vean cuánto líquido tira al mar- siguiendo ese extraño concepto que se gastan algunos en la Comunidad Valenciana y Murcia sobre el sentido último de los ríos, que no es otro que regar sus caprichos urbanísticos. La naturaleza, a nuestros pies. Como un felpudito mono que podemos manejar a nuestro antojo.
Lo que más me fastidia es que estos capullos no tendrán que vivir el infierno en que se convertirá España y el resto del planeta por culpa de su avaricia consentida. Ese tal Francisco Hernández será co-responsable de la muerte de millones de personas víctimas de inundaciones, sequías brutales, etc. Ni políticos, ni jueces, ni fuerzas de seguridad son capaces de detener esta locura. Y nos parece que el terrorismo es lo más peligroso. Qué equivocados estamos.

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