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Posts Tagged ‘crítica social’

Indignada me siento. Como periodista, como ciudadana. Más aún, preocupada. Mucho.

Como decía anoche Gabilondo, el gran maestro, la desaparición de un medio de comunicación es una desgracia para toda la sociedad. Pero sobre todo lo es cuando es tan bueno como era CNN+.

La TDT es un compendio de canales, canaluchos y canales que simplemente repiten la programación de su gemelo. Mucho de lo mismo. Vamos, como lo que había antes. O peor. Porque hacer un zapping es algo desalentador. La cantidad de canales cutres sumado a la enorme lista de canales ultraconservadores choca frente a la ausencia de canales más serios y plurales. Y de los pocos que había, ya contamos con uno menos. Quizás el mejor: CNN+.

¿A usted le preocupa la crisis económica? Pues a mí me preocupa más aún la desaparición de canales plurales y progresistas. ¿Qué queda? Con el matrimonio de Cuatro con Telecinco (ese compendio de gritos, entretenimiento romano de pan y circo y telebasura), sólo queda la Sexta y los canales de RTVE (hasta que cambie el gobierno y volvamos a la época del C.C.O.O.).

¿Y por qué me preocupa más este desequilibrio mediático? Porque las crisis van y vienen, pero el rol de los medios puede alterar la forma de pensar de todo un país, llevarlo a situaciones extremas de demagogia incontrolable. Que se lo recuerden a los alemanes, con la brillante y trágica labor llevada a cabo por el padre de la Propaganda mediática moderna, Goebbles.

Así que hoy estoy de luto. Como periodista y como ciudadana. Y preocupada. Muy preocupada

 

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Son las 00:20. Aún con la alegría en el cuerpo y la adrenalina activa tras el partidazo de cuartos de final del Mundial de baloncesto femenino en el que España ha remontado un partido malo y ha conseguido ir a prórroga y ganarlo, aquí estoy con un cabreo monumental.
Contenta porque el deporte femenino español ha hecho historia. Como mínimo seremos cuartas (mejor resultado, por cierto, que el de la selección masculina). Y como máximo, mañana veremos. Hueso duro de roer, las mejores del mundo en frente. Partidazo de lujo y a morir en la pista frente a Estados Unidos. Un país donde se puede ser deportista y vivir de ello de verdad, donde hay becas desde los institutos y la universidad para que sus deportistas puedan ser los mejores.
Las nuestras no tienen tanta suerte. Casi ni patrocinadores. Ni siquiera el respeto informativo que se merecen. Miro y remiro el periódico más leído en España- tras el Marca-, el referente periodístico, El País. Y no encuentro nada. Sólo una referencia, la última línea en la sección de baloncesto de un partido, ¡de hace días!!!!!!
Vergüenza.
Hartazgo
Harta de que pasen los años y lo que hagan las mujeres sea secundario (excepto si se pegan en un partido, están buenorras o se dopan, ahí sí son noticias en el mundo del deporte).
Tenemos- como mínimo- al cuarto mejor equipo del mundo de baloncesto femenino. Tenemos a grandísimas jugadoras que se han ganado el respeto fuera de nuestras fronteras, jugando en grandes equipos y en la WNBA. Tenemos una cantera que viene pisando fuerte. Pero, ¿quién las conoce? Cierto es que frente al desprecio de El País otros medios españoles cubren la noticia como toca. Pero el respaldo social queda lejos del que reciben los deportistas masculinos.
El baloncesto es un deporte de masas, lo practican millones de personas a lo largo de todo el planeta. Y España está destacando notablemente. Y no sólo los chicos. Las chicas también. Pero ellas sin apoyos, sin campañas mediáticas, sin anuncios especiales en los bancos, en la tele.
Es una vergüenza. Y yo estoy harta.
Adoro verlas jugar. En la liga femenina y en la selección. Voy siempre que puedo a ver al Ros, un equipazo que es un lujo (aunque este año sus cracks españolas se han repartido entre varios equipos). Porque hay esfuerzo, disciplina, años de sacrificio, valores de equipo, superación. Y espectáculo. Velocidad. Da gusto verlas. No necesito mates para engancharme a este deporte.
Un partido como el de hoy es todo un homenaje a la vida. Nunca hay que perder la esperanza aunque todo esté en tu contra. Hay que luchar, luchar y salir adelante. No rendirse. Y con suerte y esfuerzo, sales ganando. En ningún momento dejé de confiar en ellas.
Mil gracias chicas por la ilusión compartida, por pelear, por abrir el camino a las nuevas generaciones de deportistas que algún día recibirán el reconocimiento que ustedes hoy no están recibiendo. A todas, pero especialmente a Amaya Valdemoro, por ser tan grande, por asumir responsabilidades en los momentos difíciles. Grande, grande.
Mañana, a por Estados Unidos. El resultado, qué más da. ¿Que rompemos las apuestas? Un sueño (hoy ha caído Australia, todo es posible). ¿Que no? El espectáculo está servido. Y luego, si no, a por el bronce. Y mientras, a ver buen baloncesto, buen deporte. Desde el salón de casa las estaremos animando, sufriendo con ustedes. Disfrutando con ustedes. Quién pudiera estar en la cancha, en vivo.
¡A por ellas!!!! 
PD: Mandaré el enlace de este blog al defensor del lector de El País. Lo mínimo que podemos hacer: quejarnos de este machismo insoportable.

Sábado.

El País incluye al fin una noticia de la victoria pero no en portada, en la sección de deportes y en la parte inferior. Anoche a la 1 de la mañana no habían puesto ninguna noticia, cosas que otros medios como La Razón y el Mundo sí habían hecho (no me fijé si Público también). Medios que sí incluyen en portada esta victoria.

Algunos enlaces a la cobertura de quien considera esta noticia motivo de portada:

La Razón

El Mundo

Público

Las Provincias

Cadena Ser

Marca (preciosa crónica, por cierto)

As

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Que el periodismo atraviesa una etapa gris, creo que es fácil de argumentar. Con ver los informativos de cualquier cadena de televisión- más parecidos al Caso injertado con Vídeos de Primera- se defiende mi planteamiento.

Una vuelta de tuerca más la vemos hoy con el editorial de una de las biblias del neoliberalismo actual, The Wall Street Journal. Los gurús de la nueva era nos han regalado una brillante y sagaz conclusión: ganar un campeonato del mundo en un deporte como el fútbol no borra la crisis de un país. Dios, la gente corre despavorida por las calles de España ante semejante aseveración. Tumultos, suicidios en masa. Pánico total.

¿Pero tan imbéciles se creen que somos? Es una obviedad como un rascacielos. El editorial enterito no tiene desperdicio. Si fuera mal pensada incluso diría que fue escrito por alguien de esta parte del océano, de tanta mala baba que desprende, por alguno/a de quienes con tal de volver al poder harían como esos pirómanos bomberos tan deleznables. Como no lo soy, me quedo pensando que esa mirada tan corta e infantil simplemente obedece a otra serie de intereses.

Después de ridiculizar las afirmaciones de varios ministros españoles que aseguraban que la victoria de España supondría una mejora económica para el país (burlándose de que en todo caso ayudaría a los bares y la venta de vuvuzelas), acaban diciendo su receta mágica (la que tanto éxito ha dado en Estados Unidos, ¿no?)

“Were Madrid to liberalize its labor market, more aggressively consolidate its savings banks, and drop its income, corporate, and capital-gains tax rates, it would do more for economic growth than a hundred World Cups.”  Vamos, lo de siempre: liberalizar el mercado laboral y bajar impuestos.

A esos ilustres portavoces del capital salvaje les recordaría varias cosas. Por un lado, que el mercado laboral lo conforman seres humanos, no máquinas. Seres humanos con cuyos impuestos y sacrificios se han salvado de la quiebra a muchos bancos y empresas gigantescas símbolos de ese neoliberalismo que tanto defienden.  Si su avaricia infinita hubiera tenido límites, tendríamos muchos más ahorros en nuestras cuentas públicas sin necesidad de tener que recortar derechos ahora. Encima de que por su culpa retrodecemos, encima sacan pecho. ¡Tendrán valor!

A las máquinas les da igual tener derechos (veremos en un futuro, porque hasta eso cambiará). Pero a los seres humanos, no. Manías, ¿verdad?

Las máquinas no están condicionadas por las emociones. Pero los seres humanos sí. Es lo que nos hace ser tan especiales y valiosos. Y esas emociones tienen mucho que ver con el cambio en positivo a que hacían referencia nuestros ministros. En muchos sentidos.

A las máquinas igual les da lo mismo ver cómo se humilla sistemáticamente a su sociedad y su economía por parte de señores cuyas sociedades tan desarrolladas, por cierto,  permiten que millones de ciudadanos/as no tengan asistencia sanitaria básica. Pero a las personas sí. Afecta en la autoestima colectiva. En la confianza, en la ilusión de ir a trabajar todos los días, generar puestos de trabajo o buscar empleo.

A las máquinas no les afecta a la hora de consumir la imagen negativa que da un país cuyo nombre sale día tras día relacionado con fracaso. Cosas del ser humano: nos atrae estar cerca de quien triunfa. Y ser los mejores en el deporte más mediático y de mayor impacto social del planeta ayuda a tener una mejor imagen como sociedad. Te miran de otro modo, asocian tu nombre con otros valores. ¿Tanto cuesta verlo? ¿O más bien, reconocerlo? ¿Les suena el marketing?, pensaba que igual ustedes sabían algo sobre eso.

¿Que la economía española no es perfecta? Lo sabemos. ¿Que necesitamos muchos cambios? Lo sabemos. Quizá no precisamente los que ustedes, ilustres gurús, nos quieren vender. Mírense a ustedes mismos. ¿Con qué derecho se atreven a darnos lecciones en economía? Ustedes, su país, los responsables del origen de esta crisis global. Yo he vivido en EE.UU. y sé las grandes cosas que tienen como sociedad. Y también las que son indignas, que son un buen puñado. Al menos en España no se muere una persona de cáncer por no tener asistencia sanitaria a su alcance, como han muerto las madres de varios amigos míos estadounidenses. Así que lecciones las justas, señores míos. Aquí quien único tiene derecho a criticar a nuestro país somos los españoles. Y como mucho los europeos, por formar parte de la UE. Ustedes, mejor mírense el ombligo que el olor a mugre llega hasta mi ventana.

Basta ya de tomarnos como diana, déjennos en paz. Por primera vez en muchos meses la sociedad española está unida, desprende energía positiva e ilusión. Me da igual si es por el deporte. La ilusión es el motor que alimenta el cambio. Si no vienen a echar un mano, como diría el conocido dúo,

Por eso vete
olvida mi nombre
mi cara, mi casa
y pega la vuelta
[…]

vete olvida que existo
que me conociste
y no te sorprendas
olvídate todo que tú
para eso tienes experiencia

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Aquí voy, sentada en un tranquilo tren con destino Sevilla. Un finde fantástico en Córdoba– la Noche Blanca de flamenco, un puntazo. Cansada aún por las poquitas horas de sueño de estos últimos días, pero muy contenta por las sensaciones vividas. Como siempre, en cada escapada vivimos momentos muy especiales, porque nuestras clientas son un regalo, nunca me canso de decirlo.

Tengo muchas ganas de seguir creciendo, que esta crisis pase y toda esa gente que desea venir a nuestras escapadas pueda hacerlo porque de nuevo tengan un trabajito o no tengan que mantener a un familiar parado en estos tiempos extraños.

Porque esta crisis pasará, como siempre. Hemos pasado por guerras, toda clase de enfermedades y aquí seguimos, no nos hemos extinguido. Hemos aprendido muy poco de los errores pasados, pero debe ser una cuestión genética esta incapacidad del ser humano para aprender de lo vivido. Aún así, seguimos.

A diferencia de otras épocas o de otras latitudes, esta crisis sobre todo es un golpe de realidad ante unos años de locura colectiva. Aunque la solución al consumo histérico de estas últimas décadas no es dejar de consumir radicalmente, para nada. La respuesta pasa por ser más responsables. Pero todos y todas. Muchas veces nos quejamos del paro que nos rodea pero luego consumimos sin querer saber por qué un producto traído de la otra punta del planeta es más barato que el elaborado a 20 km de casa. Lo queremos todo: cobrar como suecos y pagar sólo el salario de un semi-esclavo oriental mirando para otro lado. Tener el estado del bienestar de Noruega pero pagar los impuestos de una república bananera. Tener unos servicios públicos de calidad pero aprovecharnos todo lo posible del sistema. Vivir en el primer mundo pero con los conocimientos tecnológicos, culturales y lingüísticos de paises alejados del desarrollo. Ganar mucho como empresarios, pero invertir poco o nada en nuestro entorno. Y así, queridos y queridas, no se puede. Esto peta. Como ha pasado. Está claro que los trileros de la bolsa y de la banca se han pasado con la partida, pero el problema de España es más de fondo. Y no sólo se debe a la corrupción endémica, al amiguismo que evita la selección natural del mejor por el mejor enchufado, aunque sea un inepto, o a una universidad estancada en el Siglo de Oro. El problema de fondo nos afecta a todos y todas. A nuestro concepto colectivo del triunfo basado en el éxito fácil, de la picaresca que llevamos en nuestro ADN. Es nuestro cáncer como país y es lo que deberíamos y podemos cambiar. Día a día, gesto a gesto. El día que este país valore a todas esas personas que aportan conocimiento, respuestas, riqueza, valores por encima de dionis, belenes esteban, marios conde, pachulis, grandes hermanos y compañía. El día que este país haga sitio a todos esos cerebros brillantes que un día salieron de España para crecer pero que ya no pueden volver, porque no les dejamos. El día que este país señale con el dedo y deje de admirar a quien enchufa, a quien pasa sobres llenos de dinero por debajo de la mesa o regala bolsos y trajes de lujo a cambio de privilegios administrativos, a quien se forra cobrando en negro. Ese día, ese día estaremos preparados para crecer de verdad, no como una falla de cartón piedra o un bizcocho.

Mientras tanto, no perdamos la fe y sigamos trabajando por esa sociedad que queremos y podemos construir entre todos y todas. Porque de igual modo que esta tierra ha parido monstruosidades como la Inquisición o la perdición de la picaresca, también ha dado a luz a genios de todos los colores. Somos un gran país, plural, diverso. Claro que podemos.

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Cómo anda el patio por estas tierras españolas… Cosas que pasan cuando Cenicienta le coge el gusto a la vida de rica y hace lo que sea para que su encantamiento dure todo lo posible. Esa es España en este 2010: la que se mira al espejo después de muchos años de estar encantada, viviendo una realidad ficticia. De rápidos beneficios, de pelotazos de todo tipo, de dinero que corría de un lado a otro, histérico. La España del enchufe infinito, la que no premia al mejor, sino al mejor colocado.

Esta crisis que vivimos en España es producto de una bola aún mayor, pero la particularidad española tiene mucho que ver en el modo en que se ha gestionado este país en las últimas décadas. Cuánta gente quería ser Cenicienta en su noche mágica. Qué duro era volver a ser nadie. Y por ir en calabazas Audi, lo que fuera. Al precio que fuera.

Hoy vemos un nuevo episodio de corrupción en el partido que se rasgaba las vestiduras a finales de los 90 por los casos de corrupción en el seno del PSOE. Escandalosas cifras de gente destacada que se ha metido en política para algo más que gestionar el bien común.  Gente que en gran medida es responsable de haber promovido todo un estilo de gobernar absolutista, nepotista, lleno de agujeros negros, relaciones extrañas, dinero público desaparecido. De pelotazos urbanísticos que consiguieron expandir la extraña fiebre de la Cenicienta que sólo quería vender el solar de sus abuelos, ir en Audi y comprar el televisor más grande del mercado, aunque no tuviera salón para meterlo. No estudiar, no reciclarse, no buscar nuevas líneas de negocio, no diversificar. España.

Hoy Cenicienta se mira al espejo, con la sensación de haber perdido mucho por el camino. Y con ella, toda una sociedad que ha despertado a base de paro, quiebras y EREs. Menudo batacazo. El dinero histérico se ha esfumado. Y como siempre, las hormiguitas que pasan de créditos imposibles y coches de ensueño, que pagan sus impuestos y no se enriquecen por arte de magia (ni les toca la lotería todos los años), son quienes nos sacarán adelante.

Porque las Cenicientas de Gürtel irán a la cárcel- o no. Algunas seguirán gobernando, porque la ignorancia o la complicidad son cosa difícil de erradicar en una sociedad sin cultura democrática como la nuestra. Pero todas disfrutarán de sus suculentos huesos escondidos en las largas noches de princesa encantada. A nuestra salud.

Con lo fácil que era mandar el cuento a tomar por saco… Pero la avaricia, ay, la avaricia.

Yo ya ni me altero. Miro hacia adelante, confiando en la buena gente que nos rodea, que es mucha. Asqueada, sí. Pero no desanimada. Mientras tenga fe en mi misma y en mi conciencia, razones tendré para no perder la esperanza.

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Empezó 2010 y aquí seguimos, trabajando muchísimo y con mucha ilusión.  Podríamos estar día y noche y aún así nos quedaríamos cortas de tiempo. Sembrar es lo que tiene: precisa constancia, dedicación y mucha fe.

Este mes hemos plantado un nuevo árbol en nuestro campo: un Club de ocio. El primer club de ocio para mujeres lesbianas y bisexuales en España, el Club ALesWay.  Es un pasito más en ese proyecto innovador que es ALesWay.

Cuando miro las fotos de 2009 de las actividades que hicimos, ¡me sorprendo a mí misma! Me encanta ver tantas caras, haciendo cosas muy diversas (montando a caballo, en un velero, catando vino, jugando al paintball, viendo una exposición, etc. etc.). Pero sobre todo me encanta darme cuenta de una cosa: en el 90% de las fotos es de día. También podría ver cuántas de ellas han sido tomadas al aire libre, y la proporción sería enorme también. Esa es la razón de ser del Club ALesWay: juntar a tantas mujeres lesbianas y bisexuales que buscan otro ocio diferente al mayoritario, nocturno y en espacios cerrados.

Algo que nos hace sentirnos muy felices. Venimos de donde venimos, de lo social, y sentir que estamos contribuyendo granito a granito a que las lesbianas seamos más visibles, más felices,  que nos cuidemos y queramos, buf, es genial.

Esperamos que el Club, con su red social propia, crezca y aporte tantos buenos momentos como Lesfriends ha aportado en este año de vida a las casi 800 lesbianas y bisexuales que están apuntadas. También en LesFriends queremos aportar novedades.

Y para esas novedades estamos buscando apoyos extras (en este caso, animadoras socioculturales).

Precisamente promocionando esa búsqueda nos pasó ayer una cosa muy surreal, que deja bien claro cuánto camino queda por recorrer en este país.

Intentamos poner la búsqueda en un conocido portal de empleo. Todo iba muy bien hasta que recibimos una llamada en la que una amable mujer nos decía que la descripción que hacíamos no podía publicarse. Resumiendo, me decían que ellos no anunciaban actividades para “adultos”. Claro, no hay que ser un lince para ver que alguna mente lúcida conectó lesbianas+ocio= porno-no sé de dónde saco la paciencia en esos momentos para no montar en cólera. Pero ahí me ven, explicando a esta señora que no hacemos porno (no por el porno, sino porque me cabrea que se nos asocie a las lesbianas sólo con el sexo y con esas uñas de dos metros tan irreales). Aunque la cosa no quedó ahí. El problema seguía en que si ponía que hacíamos actividades para lesbianas y bisexuales estábamos discriminando a los heterosexuales. Respiré profundo y le expliqué que una cosa es discriminar y otra segmentar, potenciar nichos de mercado. La conversación era realmente surreal. Creo que cuando ya le dije “¿me prohibiría decir que buscamos una animadora para tercera edad porque es discriminatorio (con los jóvenes, por ejemplo)? Ahí ya pasó el balón a algún superior. Finalmente, tras un rato de musiquita de fondo, volvió a mí. “Que bien, pero  que tendríamos que explicar mejor a qué nos referimos con ocio”. Sin comentarios.

Es obvio que esto, al igual que la negativa de Atrápalo de ofertar nuestras actividades, es fruto de la lesbofobia, de la ignorancia, de la falta de costumbre de ver la palabra lesbiana o bisexual. Pero ahí estamos nosotras, pregonando a los cuatro vientos, LESBIANA LESBIANA LESBIANA BISEXUAL BISEXUAL BISEXUAL, en todo lo que hacemos. Es el activismo más pragmático que he hecho en mi vida. Posiblemente sin mi experiencia como activista me quedaría muchas veces en blanco, pero las tablas, el orgullo, la rabia te hacen reaccionar rápido.

Y no, señora mía, hoy por hoy lo nuestro no es el porno.

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No es fácil, por supuesto que no. Crear un proyecto nunca es fácil. Menos aún cuando buena parte de las estructuras sociales que te rodean pasan más tiempo en lamentar una situación negativa que en ponerse manos a la obra de verdad para recobrar la confianza colectiva perdida.

Porque esta crisis, por encima de todo, es una ruptura de confianza. Motivada, por supuesto, porque la avaricia desmedida ha roto el vaso en mil pedazos.Y cuesta confiar.

Pero en una sociedad necesitamos confiar en los demás para avanzar. Ladrones, avariciosos, mentirosos han existido siempre. Y aunque nos cuesta aprender de los errores pasados, hay que seguir. Sabiendo que están ahí, que seguirán ahí. Pero junto a ellos mucha gente honesta y trabajadora.

No podemos olvidar que las estructuras las creamos las personas. Y que cuando hablamos de empleo tiene que haber personas ideando, apostando, buscando recursos de todo tipo para crear un proyecto que necesite de otras personas. Porque el empleo no sale del grifo.

Sería mucho más fácil emprender si viviéramos en una sociedad que valorara el espíritu emprendedor- algo muy lejano del imaginario colectivo español, donde ser funcionario sigue siendo el sueño más grande. O si hubiera más ayudas reales por parte de todas las administraciones para fomentar el autoempleo. Pero no es el caso.

Aún así, vale la pena. Es duro, es sacrificado, hay días más difíciles, cantos de sirenas pesimistas inundando nuestros oídos, pero el esfuerzo se recompensa cuando ves los pequeños detalles de un sueño hecho realidad.

Vale la pena emprender. Si deseas hacer otras cosas, si no te gusta lo que haces, no esperes a que te ofrezcan la llave que estás buscando: diséñala y conviértela en realidad tú mismo, tú misma.

Vale la pena soñar despiertos/as.

 

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