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Posts Tagged ‘discriminación’

Igual es la influencia del cielo encapotado que embarga esta ciudad, pero me apetece hablar por fin de un tema que llevo tiempo dándole vueltas. Un día, hace meses, caí en la cuenta de que la entrada más visitada en mi blog es una titulada “Superzorras y proetarras”. Es sencillo de explicar. Día sí, día no llega alguien a este espacio buscando información de “superzorras”, “lesbianas besándose”, “bolleras follando” y cosas por el estilo. Lo de “lesbianas meando” debo reconocer que es la conexión más surreal que he recibido. Imagino la cara de decepción de quien buscando carne se encuentra mis palabras, poco dadas a lo erótico y menos a lo escatológico, me temo.

Pero es tan surreal que si buscan lesbianas y superzorras en google, ¡lo primero es mi blog! Y todo porque un día me reboté al ver que en youtube un video de activistas lesbianas era relacionado con historias pseudo-pornos, que es como aún mucha peña- tíos hetero sobre todo- se empeña en conceptualizar a las lesbianas.

No hemos llegado a este planeta pa ponerte, chaval. Que te quede mu clarito.

Así pues, sin quererlo, puse en marcha una iniciativa a la que te invito a sumarte, si tú también estás cansada de ser tratada como una actriz no invitada del imaginario hetero masculino- porque amigos, esas uñas y esas refriegas clitoridianas no son reales. Usa la palabra superzorra, guarrindongui, lesbianas besándose, meando… y cuando la mano ávida de imaginario pase por tu blog, por tu video les recordarás que lesbiana no es sinónimo de pone hetero, sino de mujer que reivindica su espacio en el mundo- virtual incluido- al margen de imaginarios y fantasías limitaditas.

Pero si tu intención al recalar aquí era contribuir a la prolongación de alguno de tus músculos, siento decepcionarte. Si tanto te interesa las vidas de las lesbianas, empieza a sacarnos de tus pelis irreales y de tus fantasías a lo axe. No hemos llegado a este planeta pa ponerte, chaval. Que te quede mu clarito.

Y que tengas un buen día.

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Sí, hoy hemos conocido en portada uno de los miles de momentos discriminatorios que las lesbianas, al igual que otras minorías, seguimos sufriendo. Esta vez, en la escuela. Es duro.

Hemos avanzado-hay muchas otras familias homomarentales que ayer empezaron el cole sin problemas-, pero el camino es aún muy largo. Ni hay que caer en el desánimo pesimista ni en la euforia conformista: hay que ser realistas. Y prácticas, muy pragmáticas. Yo hace un tiempo que me harté de tantas disquisiciones filosóficas en el ámbito lésbico: quiero ir al grano. La única manera de seguir creciendo en igualdad es concretando, bajando a la tierra, al día a día. Quien prefiera seguir debatiendo el sexo de los ángeles, perfecto. También es bueno que se haga. Pero por mi parte, hay que tocar la tierra, poner nombre a los problemas cotidianos y buscar soluciones concretas. De este mundo, que para bien o para mal es el que tenemos.

Y mientras seguimos peleando en los despachos y en la calle para que ningún ser humano sea discriminado por motivo de origen, género, orientación sexual, identidad de género, diversidad funcional, etc. etc. etc., hay una cosita que puedes hacer- sugerencia de nuestras amigas de la FLG. Decirle a los directores del colegio SEK tu opinión sobre su democrática política de admisión: sek-castillo@sek.es

Me pregunto cómo darán en dicho centro Educación para la Ciudadanía… Tiemblo.

¿Lo bueno? Que sólo visibilizando las vergüenzas de la sociedad podemos avanzar. Con ello invito a todas las lesbianas- en general, todas las personas discriminadas- a no callarse. A pelear y denunciar. Así es como realmente cambiamos el mundo. Y no seamos derrotistas. En algunas cosas lo estamos consiguiendo.

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Sí, triste realidad. Antes de saber qué es un río, un país, la literatura, ya hemos aprendido que la vida está llena de abusones. Nos los/as encontraremos en el colegio, en la calle, en la pandilla, en el trabajo, en las noticias… Nos acompañarán a lo largo de nuestro camino. O incluso algunos optarán por convertirse en ellos. Triste.

Putin es un maestro en el arte de abusar. Uno de los que infunden más respeto, de los más peligrosos. Corta el balacao sin que nadie rechiste. Lo estamos viendo en Georgia. Todo un modelo a seguir si quieres ser un gran abusón.

Los españoles hoy ya no lideramos el vergonzoso ranking de los más abusones del planeta, pero lo hicimos durante siglos. Putin es un angelito al lado de lo que nuestros antepasados hicieron a millones de personas por todo el planeta- cosas del imperio que nunca ve el sol, ¿no? Y lo peor, es que hablamos con orgullo de ellos. Es lo que tiene la familia, que si te toca un psicópata brutal al estilo Torquemada, ¿cómo lo vas a repudiar? Lo metes en el álbum familiar y ya le excusas de algún modo.

Lo peor de todo es que ese legado de abusones colonizadores ha dejado huella en este país: el racismo prepotente disfrazado de jocosas ocurrencias de quien fue metrópoli y no colonia (dejando a un lado la experiencia romana-lo de Francia fue un chiste, no lo cuento). A los españoles nos falta empatía hacia la diversidad. Hacemos bromas con las llagas ajenas, porque no sabemos a qué sabe ese dolor. Nos hemos dedicado a matarnos entre nosotros mismos y ahí sí que tocamos terreno sensible. Pero cuando toca respetar la diversidad ajena, chungo. He visto anuncios en España que eran impensables en otros. Bromas sistemáticas de nuestros humoristas patrios que incluso hoy, en una España más plural, siguen haciendo escarnio del color de piel, de los rasgos fisiológicos, los acentos (por favor, comentaristas deportivos de tenis: todos hablamos idiomas con acentos), el tamaño,… precisamente de quienes son más débiles o han sufrido más discriminación. Reproduciendo- con la excusa del humor- siglos de prejuicios y de estereotipos. De marcar distancias entre el grupo “nosotros” y los otros, los que no son “nosotros”. Porque hay muchas maneras de hacer daño, señores y señoras, y con sonrisa no duele menos.

Fallamos en empatía los españoles y españolas. El colmo de los colmos es ver reproducido el anuncio tremendamente racista de Malibú pariodiado por niños que anuncian la bebida sunny. Y ya, para más inteligencia, se les ocurre hacer en China un anuncio con la selección masculina de basket imitando los rasgos de los asiáticos. O partirse la caja al ver aficionados españoles en las gradas disfrazados de chinos con coletas. ¿Gracioso? Ni una pizca. Como no me hace gracia ver a tíos heterosexuales imitando a hombres con gestos femeninos. Porque reflejan siglos de discriminación, de persecución, de rechazo por parte de unos grupos sobre otros (los europeos hemos sido la crema de los capullos: cómo un espacio tan pequeño ha podido hacer tanto daño a tantos países de todo el planeta, invadirlos, explotarlos, humillarlos… Y encima, seguir riéndonos, como antaño, del otro, del que fue colonizado).

Los herederos de los abusones siguen sin aprender la lección. Igual la broma nos cuesta que Madrid sea sede olímpica. Igual lo merecemos. A ver si de una santa vez aprendemos el sentido de la empatía y nos ponemos en la piel de quien ha sido ninguneado, perseguido y tratado como una mierda. Porque ya no nos hace gracia aquella frase de Martes y Trece, “mi marido me pega”, ¿verdad? Pues tres cuartos de lo mismo.

No tengo humor para contar lo de Escario. Otro día será. Hay veces que siento que vengo de otro planeta. Demasiada empatía, quizás. Vergüenza ajena, seguro.

Voy a escuchar un rato a Brandi Carlile, a ver si se me quita el cabreo (y eso que he reseteado la mente después de lo que vi anoche en la cobertura de las olimpiadas, ¿qué coño le pasa a TVE? Creo que nunca había sentido tanto machismo en algunos de sus comentarios, en este caso, con unas cheerleaders canarias. Si el tema es poner a la peña, pues que lo hagan bien y pongan sexo en vivo. Pero estos comentarios babosos y patéticos a lo Esteso y Pajares me ponen mala, mala…)

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Me desayuno hoy un interesante artículo de El País que se titula así: “ellas también valen para ingenieras (pero huyen)”.

A veces no sé si reírme cuando veo que se gastan tanto dinero en investigaciones para una y otra vez llegar a las mismas conclusiones. “No, no es biológico, no son más torpes; hay menos mujeres en las ingenierías por cuestiones sociales, porque el entorno social transmite que ese campo es de hombres y no las motiva y orienta para dedicarse a ello”.

Si empezaran por leer un poquito de teoría feminista se ahorraban unos cuantos esfuerzos. Pero mira, no voy yo a quitarle ilusiones a nadie.

Pues sí, señores investigadores. No somos ni tontas ni gilipollas. Somos unas luchadoras, que estamos dejándonos la piel para dejar de ser las esposas de, esclavas de, sombras de, propiedad de. Para quitarnos de nuestras mentes siglos de prejuicios, de ser tratadas como seres inferiores, incapaces de nada. Siglos en los que básicamente fuimos mano de obra gratuita, siglos de engendrar vástagos para el clan, de ser apartadas, excluidas, perseguidas. Pero ni Platón ni Aristóteles ni todos los capullos machistas como ellos van a seguir clavando sus palabras misóginas en nuestros oídos.

Por más que sutilmente nos recuerde este sistema que en cualquier momento podemos ser víctimas de (analicen cuántas muertes violentas, torturas, violaciones, acoso sufren las mujeres en las películas; y sobre todo, a las más independientes), aquí estamos, conquistando ese espacio que siempre fue nuestro y del que nos han echado a consciencia (y si no, que se lo digan a las mujeres independientes que fueron quemadas, torturadas con la excusa de la brujería o las normas morales).

No, no somos tontas. Y cuanto más seamos consciente de ello, cuanto más nos empoderemos, simplemente reflejaremos nuestra inteligencia y nuestra capacidad para hacer como seres humanos, lo que queramos, en cualquier ámbito de la vida. A pesar de los anuncios machistas que siguen tragando nuestros niños (no han cambiado ni una pizca de cuando yo era pequeña, por dios), motivaremos a nuestras hijas a que desarrollen las aptitudes que quieran: en el deporte, en la música, en las matemáticas, en la química, en la ingeniería, en la literatura, en el arte, en donde cada una se sienta más realizada.

Un poquito más de esfuerzo político, social- sobre todo por parte de los medios. Más motivación, más luchar contra los prejuicios históricos. Y les demostramos a nuestros amigos investigadores que de tontas, ni un pelo. Y así, en vez de dedicar tantas horas a lo que es obvio, nos ayudan a buscar becas para que podamos estar en igualdad de condiciones. Ahí sí estarían dando en el clavo.

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