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Posts Tagged ‘economía’

Pienso en muchas cosas cuando hablamos de crisis. Esta noche Cuatro ha emitido un reportaje buenísimo, si lo repiten, no se lo pierdan si no lo han visto.

Creo que a estas alturas tenemos claro qué ha pasado. Se veía venir pero nadie quería verlo. Es más, yo me pregunto: ¿hubiera permitido una buena parte de la sociedad que el gobierno hubiera intervenido los precios de las viviendas y puesto freno a las hipotecas sospechosas? Vamos, lo tengo clarííiiisimo. NI de coña. Porque había mucha gente cortando bacalao, cada uno en diferentes esferas y diferentes cantidades: desde políticos con sobres por recalificaciones, gente del pueblo, feliz porque su suelo rústico andaba en plena transformación, currelas con más dinero que el que hubieran podido soñar en la vida, gente especulando a pequeña o gran escala con la compra-venta de vivienda, inmobiliarias como setas por cada esquina de cada pueblo o ciudad de España, los comercios que se beneficiaban de tanto movimiento de dinero. Pero ni los empresarios invertían en investigación, en abrir mercados, en buscar alternativas de futuro; ni los currelas aprovecharon la suerte para reciclarse, aprender nuevos conocimientos o ahorrar; ni los políticos aprovecharon el subidón para generar nuevas políticas que diversificaran las economías-locales, autonómicas, estatales.

En plena orgía, a ver quién era el guapo/a en poner freno al tocomocho planetario. Pero the party is over, y toca mirar hacia adelante.

Pero, ¿ahora qué? Los promotores del tocomocho, con su dinero en paraísos fiscales (por qué se permiten esos paraísos, gran pregunta, ¿verdad?), o con sus propiedades a nombre de terceros. Como reyes. El currito de a pie, sobreviviendo a la hostia previsible e inevitable.

Dudo mucho que aprendamos. En un par de generaciones nos volveremos a meter el mismo batacazo, o peor.  El problema que tenemos los españoles del siglo XXI es que nos hemos acostumbrado a vivir como europeos pero no a formarnos ni invertir en nuestro futuro. No aceptamos condiciones laborales de los dragones asiáticos-espero que algún día ellos tampoco- pero tampoco nos ponemos las pilas para poder ofrecer otro tipo de productos y servicios. Y como consumidores tampoco somos muy coherentes.

Pero insisto, ¿y ahora qué? Esta no es la primera crisis del capitalismo, ni será la última. Yo ya me he cansado de pesimismo, quiero respuestas. Porque hay que mirar hacia adelante, porque no todo el mundo está en paro ni tiene problemas para llegar a fin de mes. Y no lo digo porque haya que mirar hacia otro lado, ni mucho menos. Sino porque ahí radica para mí la clave del cambio: en la gente a la que esta crisis no le afecta en gran medida y pueden seguir consumiendo- moderadamente- pero consumiendo. Y con ello, evitando de alguna medida que siga creciendo el paro ajeno. Creo que es vital que se intervenga de algún modo en las consecuencias de la estafa hipotecaria para que todo el dinero-tanto nóminas como prestación por desempleo- no se lo lleven los bancos (si las instituciones intervienen para solucionar los chanchullos de estos delincuentes de cuello blanco, ¿por qué no hacerlo para paliar los intereses abusivos que se están llevando todos los meses los bancos con nuestras hipotecas?). Está claro que es necesario el préstamo para incentivar la economía- pymes, familias-, y que los bancos ahí juegan un papel determinante. Pero,  ¿no es igual de necesario que la gente deje de estar extorsionada por contratos abusivos? No me vengan con que esos intereses son necesarios para dar préstamo, porque no se puede tener más morro. Más tarde o más temprano tendrán que hacer algo con las hipotecas abusivas. Mejor antes.

También es fundamental mirar alternativas al monocultivo del ladrillo en todas sus vertientes. Está claro que el mercado internacional está constipadísimo, pero el mundo no se ha detenido. Las sociedades, la gente,sigue necesitando productos, servicios, bienes básicos, investigación, respuestas, formación, cuidados, descanso. Está claro que es imprescindible que muchas personas se reciclen, que las cosas se hagan de otra manera, que busquemos nuevos caminos, que nos ayudemos a salir adelante. Y que dejemos de esperar sentados y sentadas a que los mismos que nos dejaron en manos de estos delincuentes nos encuentren la salida. Yo por lo menos no espero.

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Ya te digo. A ver si me aclaro: unas personas montan un negocio. Durante años se dedican a lucrarse escandalosamente a base de abusar de la necesidad de la gente de tener una casa. Pero los gobiernos no intervienen en los precios, porque claro, el mercado no se puede intervenir.

Luego estos trileros de guante blanco se emocionan, tanto que rompen la cuerda, como dice el señor Almunia hoy, “por avaricia”. Y entonces intervienen los gobiernos porque los trileros hacen las maletas y dejan al sistema en pañales.

Ajá.

O sea, gilipollas por todos lados somos, ¿no? Les enriquecemos, se forran, ahorran en las Caimanes, nadie dice nada, se pasan, la joden, se piran, el muerto pa otros. Y de nuevo, tenemos que poner la cara a través de las instituciones que pagamos nosotros con nuestros impuestos. Y mientras, seguimos pagando a los otros trileros, los del banco, aunque todos sabemos que fue una gran estafa, que estamos pagando un timo. ¿Ahí no intervienen los estados, verdad?

Eso es lo que ha pasado en Estados Unidos y que pasará aquí, siguiendo la lógica (si no ha pasado ya).

Vaya capitalismo más raro es este, de verdad. Pero raro, raro.

Lo de libre mercado, mira cómo me parto.

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Sí, donde más ha subido el paro de toda España.

¿Cómo no? Es lo que ocurre cuando tienes una economía tan frágil como esta. Y más cuando se depende brutalmente de algo con tan poco futuro como el ladrillo.

Aquí, en el País Valenciano, no ha habido cabeza. Hay un modelo de crecimiento que funciona como la levadura. De fuera parece sólido, fuerte, alto, pero si rascas un poco, ves como va perdiendo consistencia, porque por dentro- fiel al estilo fallero- no hay nada, sólo aire.

Derroches faraónicos de las cuentas públicas- la otra gran constante identitaria- para grandes eventos, grandes apuestas que dejan dudosas balanzas de beneficios, no sólo económicos sino turísticos. Y que de beneficiar (teniendo en cuenta el altísimo coste de inversión pública), benefician fundamentalmente a un grupo concreto de personas, no a toda la ciudadanía.

Incapacidad para diversificar, para invertir en cualificación, que es lo único que nos permite competir en un sistema internacional donde producen trabajadores en condiciones pre-industriales (respecto a sus derechos, sobre todo).

Construir daba muuuuuchas pelas, sobre todo porque el tocomocho inmobiliario estaba adquiriendo proporciones inimaginables (con la connivencia bancaria- como no- y de quienes ahora piden intervención gubernamental-vaya morro). Así pues, todos a construir. A destruir la convivencia de otros modelos económicos, a destruir el paisaje, las señas de identidad. No importa, como en plena histeria a lo hermanos Marx, “más cemento, más cemento” gritaba un buen número de valencianos. Pero más PAI, más hormigón= menos futuro.

Todo precisa un equilibrio si queremos crecer de forma equilibrada, si queremos estar preparados para afrontar momentos de crisis. Alimentarse a base de pizzas y helado puede dejarte una honda satisfacción en el paladar, pero más tarde o más temprano tu cuerpo malnutrido te dejará vulnerable.

Y así estamos en este PV. Endeudados hasta más allá de las cejas, con una economía más vulnerable que otras comunidades, y con una incapacidad de hacer la más mínima autocrítica. Pudiendo culpar a otros-y pa eso Canal 9 es única-, ¿para qué complicarse la vida?

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