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Posts Tagged ‘familias homoparentales’

ferrinHoy es uno de esos días en los que te sientes alegre y fresca, a lo anuncio de compresas. Por un lado, porque al fin se fueron los obreros de casa, porque todo está limpio y ordenado, porque nos podemos duchar y cocinar en condiciones. Vamos, lo básico.

Pero no sólo eso, por supuesto. Hoy el señor Ferrín Calamita y todo el sector de fundamentalistas que lo apoya han recibido un mensaje muy claro: en España, por encima de cualquier creencia personal está la Constitución. Es el texto fundamental que rige nuestra convivencia: no la Biblia, ni el Corán, ni el Talmud ni cualquiera de los otros textos considerados sagrados por sus seguidores.

Decir, por parte del señor Ferrín, como respuesta a la condena impuesta (además, con su agravante por homofobia) que “en España no hay libertad religiosa”, sólo sirve para entender aún mejor el sentido de la sentencia acordada. Porque señor Ferrín y compañía, cuando usted representa a la Justicia, no es a la divina sino a la terrenal. Igual alguien se olvidó recordárselo en su camino y ahora, por fin, se lo están haciendo. Y entienda que usted tiene derecho a pensar lo que quiera de mí, de mi pareja, de mi vida. A desearme el mal o el bien en su pensamiento. Pero sus criterios personales, como los míos sobre usted, son aire. Usted debe regirse por lo que dice nuestra Constitución y las leyes que el Parlamento aprueba. Si algo tan básico en una democracia no lo entiende, es que usted es candidato a mudarse a Irán o cualquier país teocrático, pero no a juzgar en España. Igual en uno de esos países sí se daría cuenta lo que es vivir sin libertad religiosa.

O ya puestos, ¿ha pensado en el Vaticano? Empatía tendría por un tubo. Gente anclada en los privilegios del pasado y nostálgicos de la tostadora Inquisidator. Para quienes homosexuales y transexuales somos, un año más, en plan gordo de navidad,  el eje del mal. La semilla del fin. El efecto invernadero de la humanidad. La deforestación del alma.  La lluvia ácida de la moral.

Ay, cuántas cosas pasan por mi cabeza al leer las declaraciones del señor Ratzinger (de todas, me quedo imaginándolo como capitán de navío ecologista a lo Greenpeace- no en el Rainbow Warriors, claro- embistiendo a un crucero de contaminantes LGTB por las islas griegas). Pero, ¿saben qué? Que paso. Porque es tan sumamente grave que un señor de su peso político y económico nos vuelva a comparar , un año más, con algo que causa el exterminio de la humanidad, es tan peligroso y aberrante lo que ha dicho (hay que ver con los rejos del pasado nazi, que no se borran) que prefiero no pensar más en ello. Que para un día que sale el sol, no voy a dejar que este señor me lo nuble.  Ya tendremos fiesta de insultos otra vez el 28.  (Vaya manera más agresiva de pasar la Navidad tienen alguns, la verdad: eso pasa cuando se ve mucho Grand Prix, me temo).

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Sí, hoy hemos conocido en portada uno de los miles de momentos discriminatorios que las lesbianas, al igual que otras minorías, seguimos sufriendo. Esta vez, en la escuela. Es duro.

Hemos avanzado-hay muchas otras familias homomarentales que ayer empezaron el cole sin problemas-, pero el camino es aún muy largo. Ni hay que caer en el desánimo pesimista ni en la euforia conformista: hay que ser realistas. Y prácticas, muy pragmáticas. Yo hace un tiempo que me harté de tantas disquisiciones filosóficas en el ámbito lésbico: quiero ir al grano. La única manera de seguir creciendo en igualdad es concretando, bajando a la tierra, al día a día. Quien prefiera seguir debatiendo el sexo de los ángeles, perfecto. También es bueno que se haga. Pero por mi parte, hay que tocar la tierra, poner nombre a los problemas cotidianos y buscar soluciones concretas. De este mundo, que para bien o para mal es el que tenemos.

Y mientras seguimos peleando en los despachos y en la calle para que ningún ser humano sea discriminado por motivo de origen, género, orientación sexual, identidad de género, diversidad funcional, etc. etc. etc., hay una cosita que puedes hacer- sugerencia de nuestras amigas de la FLG. Decirle a los directores del colegio SEK tu opinión sobre su democrática política de admisión: sek-castillo@sek.es

Me pregunto cómo darán en dicho centro Educación para la Ciudadanía… Tiemblo.

¿Lo bueno? Que sólo visibilizando las vergüenzas de la sociedad podemos avanzar. Con ello invito a todas las lesbianas- en general, todas las personas discriminadas- a no callarse. A pelear y denunciar. Así es como realmente cambiamos el mundo. Y no seamos derrotistas. En algunas cosas lo estamos consiguiendo.

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Creo que la mayor parte de la gente que discrimina lo hace por desconocimiento, por ignorancia, por temor a lo desconocido. Estoy segura de que muchas de esas personas que salen a la calle a negarme derechos, a negárselos a millones de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y a sus familias, jamás han conocido a una persona LGTB en carne y hueso. Nos ven como instantáneas de una vieja pesadilla, no como vecinos/as, familiares o compañeros/as de trabajo. E incluso, en algunos casos, incapaces de verse a ellos y ellas mismas. Ya hemos hablado en ocasiones de la peor LGTBfobia que existe: la interiorizada.

Por eso la visibilidad es la mejor cura para acabar con la LGTBfobia. Conocer la diversidad, no en fotos, sino de verdad, ayuda a reconstruir la imagen que tenemos de nuestro entorno y de las personas que lo componen.

Ayer pensaba en esto mientras visitábamos a dos amigas que han sido mamás de una niña preciosa que se llama Lucía. ¿Cómo puede alguien negar nuestra capacidad de ser madres o padres, de la felicidad de nuestros hijos? Lo dicen porque no nos conocen. El nivel de cariño, entrega y devoción de Marga y Raquel con Lucía desbordaba los muros del hospital. Ayer me hubiera gustado invitar a gente como Benigno Blanco a que conociera a Lucía y que una vez allí, rodeado de pañales, ilusiones y compromiso se atreviera a poner en duda lo que tenía ante sus ojos. Estoy segura que ni él, tan ciego de homofobia como está, podría dejar de ver lo que yo vi: que un ser afortunado, deseado y querido había venido a la tierra. Y que ni todo el odio del mundo iba a impedir que fuera feliz. Y con ella, todos nosotros y nosotras.

Luisa y Nuria, van en camino. ¡Besos a la pelotilla que late con tanta fuerza! En su blog lo cuentan.

Y espero que Lorena y yo podamos iniciar ese camino tan especial en un plazo no muy lejano de tiempo.

Felicidades, Marga y Raquel. Gracias por traer a este mundo absurdo un trocito de esperanza y alegría. La foto que les hizo Luisa es, sencillamente, mágica.

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Otro vídeo estupendo que nos llena de razones para ir a votar el 9M y para pensar bien a quién damos nuestro voto.

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Hay una parodia fantástica que hace Miki Nadal de Karmele Marchante en Sé lo que hicísteis… que me ha venido a la memoria esta tarde al leer las noticias. Por un momento he imaginado a la señora Mato hablando con su amiga Teresita en el nokia-stone, en plena selva americana, contándole que está a favor de que todo el mundo tenga los mismos derechos, pero que lo que sí le parece mal “es la denominación de matrimonio”, nena.
Debo estar desvariando ya, lo sé. Pero es que no hay cuerpo para aguantar tanta desfachatez. Y tanta dureza calcárea de neuronas.

Una vez más, lo volvemos a explicar.
a. denominación de matrimonio: aquí no hablamos de jamones pata negra o queso manchego sino de derechos civiles. Y a diferencia de los muslos de los cerdos y las exquisiteces manchegas, que llevan denominaciones de origen para marcar categorías, los derechos son derechos. No hay derechos para altos y derechos para bajos; derechos en función de tallas y números de calzado. Los derechos son iguales para toda la ciudadanía. Si no, se llaman privilegios, que es lo que ha habido durante siglos: una situación que las democracias tienen la obligación de paliar. O bien cambiamos el nombre de matrimonio civil para todos, heteros incluídos, o aquellos católicos que sean intransigentes tendrán que asumir que la palabra matrimonio no es propiedad suya. Sino de toda la sociedad.b. niños/as de familias homomarentales y homoparentales. Dice la señora Mato que “lo primero por lo que tenemos velar es por el bien de los niños. Tendremos que estudiar cómo están los niños y cómo se les protege mejor”.
Gracias por su interés, señora Mato. Nuestros niños están muy bien. Si quiere, volvemos a explicárselo otra vez. Volveremos a llamar a los especialistas reconocidos por las asociaciones de pediatras y psicólogos de EEUU y a quienes han investigado con criterios científicos- no religiosos- nuestra realidad homoparental y homomarental en España (que no se apellidan Polaino, precisamente): profesionales que han dejado claro que el tener dos padres o dos madres no condiciona el crecimiento de un niño o niña. Sin problema. Es más, le invitaremos a nuestras casas si quiere. Por si tiene amigas y amigos entendidos en el partido que se lo estén pensando. Le podemos hasta dar consejos.
Pero, por favor, deje de una santa de vez de acosarnos, de utilizarnos cada vez que el olor a elecciones se acerque. Es intolerable. Porque no tienen argumentos objetivos, porque utilizan sus criterios religiosos para agredir nuestra estabilidad.
Es más, ¿de verdad que quiere proteger a nuestros hijos e hijas? Pues pídale a Karmele que se venga para España y ocupe usted su lugar. Cuanto más lejos esté la gente homófoba como usted de nuestros hijos e hijas, le aseguro que más protegidos y protegidas estarán. Y que le hagan los hondureños firmar el contrato ese tan majo que están vendiendo a kilo y mitad por estas tierras.
De verdad, esto está alcanzando unos niveles de demagogia que no se puede aguantar.

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Hoy me he levantado con un deja vu de los chungos. Me ha recordado otros amaneceres de hace cinco, cuatro o diez años atrás, cuando abrías la página de un periódico y de nuevo algún simpático miembro del PP o acólito volvía a cuestionar la capacidad de gays y lesbianas para criar hijos. Cuando por fin creías que quedaba claro, de nuevo toca volver a desempolvar el argumentario. No importa lo que diga el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, no importa la realidad.
Goebels vuelve a la acción.
Si se dan cuenta, el PP nunca se mete con los grandes de la clase. Les hace guiños serviles: al sector empresarial, al bancario. Les trae magdalenas y manzanas (peras no), les hace chistes simpáticos. No. El PP sabe con quién es más inteligente meterse: con los débiles, con los que no tienen imperios económicos que puedan dañarles. Con las minorías.
Yo que he crecido mirando la vida desde la esquina del patio sé cómo se comportan los abusones. Sé que cuanto más déspotas, más miedos tratan de cubrir. Intentan forjar una identidad imposible a base de distraer al personal. Y así es este Partido Popular que nos toca sufrir. Cuánto daría por una derecha alejada de su extremo, una derecha que no imitara a los cangrejos.
Este partido abusador tiene blancos fáciles: inmigrantes, minorías sexuales… Nos usan a su antojo como cebo de centro o de extrema derecha, en función del día. Nos quitan derechos, se inventan falacias sobre nuestra realidad- siempre por nuestro bien. Porque claro, siempre nos quieren.
Me recuerdan, ya de adulta, a los maltratadores. Con una mano te acaricio y con otra te pego un puñetazo en el estómago. Hoy te digo te quiero, mañana te quiero arruinar la vida.
Así no se puede vivir. Quiero, por favor, que quien lea esto me ayude a vivir una vida sin miedo. Sin miedo a tener que levantarme cualquier día y tener que volver a escuchar la voz de quien dice quererme bien, pero sólo sabe traer dolor, angustia y temor a mi vida y a la de quienes quiero. Basta ya de jugar con nosotros y nosotras, con nuestra dignidad y estabilidad. Basta ya de esta tensión. Basta de mentiras, de calumnias, de inventar lodo donde ha quedado ya muy claro que no lo hay. Estoy harta. Muy harta. Y cabreada, oh sí. Muy cabreada.
Pero volveré a sacar la lista de razones por las que mi compañera y yo podemos ser una estupenda familia para nuestros hijos. La sacaré todas las veces que haga falta, señores y señoras del PP. Pero espero que esta impunidad con la que nos vuelven a agredir día a día les pase factura. Aún me queda energía en este cuerpo para pelear por ello. Mucha.

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El señor Mariano parece que se va aclarando en sus cosas. Su margarita electoral ha parado en la hoja del “las de la tortilla y los del banana slip va a ser que no adoptan si yo gobierno”. A saber qué dirá mañana cuando sus asesores de centro- que deben tomar katovitz como gominolas para tratar de vender tanto facherío con ropita de propuestas liberales- le digan, “Mariano, a ver cómo disfrazamos esto, que has sido demasiado sincero”
Sincero. Seamos sinceros y sinceras.
Yo pregunto, de corazón, a todas esas lesbianas y gays del Partido Popular si creen que ellos mismos merecen ser tratados de este modo tan injusto. Si sienten tanta vergüenza de sí mismos para pensar que sí, que son ciudadanos de segunda, incapacitados para formar familias. O si son capaces de vender la seguridad legal de sus hijos e hijas a cualquier precio. ¡Qué triste es la homofobia internalizada…!
Ahora bien. Yo no voy a dejar que ustedes, homosexuales del PP, me arrastren a ese triste fango porque yo sí antepongo la libertad y los derechos de mis hijos por encima de cualquier cosa. Y me tendrán que enviar muy lejos de este país para tolerar una vuelta atrás en este sentido. Porque mi familia sí que está en peligro, y no la del señor Benigno Blanco o la del señor Rajoy.
Y no sé si algo habrán aprendido de los seres humanos, ideólogos del PP, y es que hay cosas con las que no se puede jugar. Y entre ellas, la seguridad de los hijos.
El señor Rajoy, al plantear la posibilidad de condenar a mis hijos a vivir en apartheid legal ha tocado ya la última línea que quedaba entre nosotros. Son demasiadas cosas las que me repugna oír de su boca- utilizar a los inmigrantes como cebo ha sido profundamente asqueroso- pero esto ya es personal, señor Mariano. Está usted jugando con el futuro de mis hijos. Y me obliga a pedir a mis conciudadanos, a mis amigos, a la gente que veo en la calle…
No, por favor, no votes al Partido Popular.
Me queda un mes por delante para decirlo bien alto. Y le puedo asegurar, señor Rajoy, que evitar que usted y la extrema derecha que le aupa gobiernen este país se ha convertido en la principal prioridad de mi vida.
Me sobran, por desgracia, los motivos.

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