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Posts Tagged ‘machismo’

Cuando mi madre era pequeña, no estaba bien visto que una niña montara en bicicleta o que hiciera ejercicio. No se lo permitían.  Era España, posguerra, una dictadura que nos hizo a las mujeres retroceder en el tiempo.

Cuarenta años después, cuando yo era pequeña, seguía siendo algo mal visto que una niña jugara al fútbol o al baloncesto. No era algo tan horrible pero no era lo más apropiado. Era España, años 70.

En los años 30, en Estados Unidos las mujeres llevaban décadas jugando al baloncesto en la universidad. En los 70, consiguieron aprobar una ley que sería fundamental para la promoción igualitaria del deporte femenino en los institutos y universidades, el Title IX. Un país, Estados Unidos, que beca a sus deportistas desde el bachillerato, que les ayuda a estudiar y desarrollarse como deportistas, que les apoya y potencia, mujeres incluidas.

Hoy, 3 de octubre de 2010, un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años han conseguido que la selección española de baloncesto sea la tercera mejor del mundo (aunque realmente merecía ser segunda, pues demostró ser superior a las checas), frente a una selección, la de Estados Unidos, que juega un baloncesto sencillamente superior.

Pero el nuestro es un bronce que sabe a oro, por muchos motivos.

Por el sacrificio invisible que supone llegar a ser deportista de élite, sobre todo en sociedades que no apoyan económicamente la formación deportiva y el desarrollo profesional (salvo contadas excepciones, masculinas casi todas).

Por soportar el desprecio de unos medios de comunicación y de una sociedad que sólo sabe reconocer y valorar el deporte masculino. Aunque lentamente va dando muestras de cambio. Eso sí, no constante sino a impulsos.

Porque las cosas van cambiando, lentamente, y cada vez tenemos más cantera, mejor preparada física y técnicamente. Más aficionados y aficionadas apoyando el deporte femenino. Reconociéndolo y disfrutándolo. Este logro es prueba de ello. Y lo que queda por vivir.

Las norteamericanas saben que después de un siglo jugando a ese deporte tienen la obligación de ser buenas, las mejores. Por eso su alegría no era tan grande como la de nuestras chicas. Las españolas estaban dando una lección de historia envuelta de justicia poética. Porque teniendo menos apoyos, menos tradición, un pasado reciente profundamente machista y  menos recursos, hemos demostrado ser muy grandes. No en estatura, sino en coraje, compañerismo, estrategia, sacrificio, nobleza. Los pilares del deporte.

Esta semana comienza la Liga Femenina de baloncesto y ojalá las gradas se llenen de nuevos seguidores, de gente que admira el esfuerzo y el ingenio de un grupo de mujeres sobre la cancha. Sus valores, su fuerza, su disciplina. Y que esa gente consiga atraer más patrocinadores. Y con ello, tener más recursos para hacer de este deporte algo aún más grande.

Mil gracias, chicas, por todo lo que significa este triunfo para todas las mujeres, para los amantes del deporte, para el futuro del baloncesto español.  Verlas jugar es un gustazo. Verlas ganar, todo un orgullo.

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Son las 00:20. Aún con la alegría en el cuerpo y la adrenalina activa tras el partidazo de cuartos de final del Mundial de baloncesto femenino en el que España ha remontado un partido malo y ha conseguido ir a prórroga y ganarlo, aquí estoy con un cabreo monumental.
Contenta porque el deporte femenino español ha hecho historia. Como mínimo seremos cuartas (mejor resultado, por cierto, que el de la selección masculina). Y como máximo, mañana veremos. Hueso duro de roer, las mejores del mundo en frente. Partidazo de lujo y a morir en la pista frente a Estados Unidos. Un país donde se puede ser deportista y vivir de ello de verdad, donde hay becas desde los institutos y la universidad para que sus deportistas puedan ser los mejores.
Las nuestras no tienen tanta suerte. Casi ni patrocinadores. Ni siquiera el respeto informativo que se merecen. Miro y remiro el periódico más leído en España- tras el Marca-, el referente periodístico, El País. Y no encuentro nada. Sólo una referencia, la última línea en la sección de baloncesto de un partido, ¡de hace días!!!!!!
Vergüenza.
Hartazgo
Harta de que pasen los años y lo que hagan las mujeres sea secundario (excepto si se pegan en un partido, están buenorras o se dopan, ahí sí son noticias en el mundo del deporte).
Tenemos- como mínimo- al cuarto mejor equipo del mundo de baloncesto femenino. Tenemos a grandísimas jugadoras que se han ganado el respeto fuera de nuestras fronteras, jugando en grandes equipos y en la WNBA. Tenemos una cantera que viene pisando fuerte. Pero, ¿quién las conoce? Cierto es que frente al desprecio de El País otros medios españoles cubren la noticia como toca. Pero el respaldo social queda lejos del que reciben los deportistas masculinos.
El baloncesto es un deporte de masas, lo practican millones de personas a lo largo de todo el planeta. Y España está destacando notablemente. Y no sólo los chicos. Las chicas también. Pero ellas sin apoyos, sin campañas mediáticas, sin anuncios especiales en los bancos, en la tele.
Es una vergüenza. Y yo estoy harta.
Adoro verlas jugar. En la liga femenina y en la selección. Voy siempre que puedo a ver al Ros, un equipazo que es un lujo (aunque este año sus cracks españolas se han repartido entre varios equipos). Porque hay esfuerzo, disciplina, años de sacrificio, valores de equipo, superación. Y espectáculo. Velocidad. Da gusto verlas. No necesito mates para engancharme a este deporte.
Un partido como el de hoy es todo un homenaje a la vida. Nunca hay que perder la esperanza aunque todo esté en tu contra. Hay que luchar, luchar y salir adelante. No rendirse. Y con suerte y esfuerzo, sales ganando. En ningún momento dejé de confiar en ellas.
Mil gracias chicas por la ilusión compartida, por pelear, por abrir el camino a las nuevas generaciones de deportistas que algún día recibirán el reconocimiento que ustedes hoy no están recibiendo. A todas, pero especialmente a Amaya Valdemoro, por ser tan grande, por asumir responsabilidades en los momentos difíciles. Grande, grande.
Mañana, a por Estados Unidos. El resultado, qué más da. ¿Que rompemos las apuestas? Un sueño (hoy ha caído Australia, todo es posible). ¿Que no? El espectáculo está servido. Y luego, si no, a por el bronce. Y mientras, a ver buen baloncesto, buen deporte. Desde el salón de casa las estaremos animando, sufriendo con ustedes. Disfrutando con ustedes. Quién pudiera estar en la cancha, en vivo.
¡A por ellas!!!! 
PD: Mandaré el enlace de este blog al defensor del lector de El País. Lo mínimo que podemos hacer: quejarnos de este machismo insoportable.

Sábado.

El País incluye al fin una noticia de la victoria pero no en portada, en la sección de deportes y en la parte inferior. Anoche a la 1 de la mañana no habían puesto ninguna noticia, cosas que otros medios como La Razón y el Mundo sí habían hecho (no me fijé si Público también). Medios que sí incluyen en portada esta victoria.

Algunos enlaces a la cobertura de quien considera esta noticia motivo de portada:

La Razón

El Mundo

Público

Las Provincias

Cadena Ser

Marca (preciosa crónica, por cierto)

As

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Hoy se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género. Su existencia ya es todo un avance y es de justicia reconocer que afortunadamente este país ha dado algunos pasos importantes a nivel institucional y social en los últimos años. Pero venimos de un imaginario, de una historia tan, tan machista, homófoba y violenta que un lustro o dos de cambio social es como una mota de polvo en las crónicas que recogen el paso del tiempo.

Pero está, y eso es lo positivo. Queda muchísimo trabajo por hacer, y mucho dinero público que invertir, sobre todo desde la base, en esas escuelas donde los defensores del status quo patriarcal han hecho trinchera y se niegan a que se hable de igualdad, se explique la diversidad de identidades, de roles, de caminos. En los medios de comunicación, donde la publicidad infantil sigue jugando un rol anacrónico con sus rosas pasivos y sus azules dominantes y activos. En los iconos culturales de los jóvenes, desde el videojuego al hiphop, pasando por el pop o el reggeaton. En la ignorancia de los adultos, en no querer reconocer que es necesario cambiar el fondo, no sólo las palabras. Y que en casa no se ayuda, sino se comparten responsabilidades. En la necesidad de salarios iguales. De las mismas oportunidades. De apoyos para poner fin a la desigualdad histórica.

Necesitamos cambiar la dificultad de ver en la homofobia y violencia contra las mujeres dos ejemplos del mismo mal, el machismo. De negarse a ser valientes y abordar de fondo la construcción de la masculinidad y feminidad.

De no querer ver las razones de fondo que hacen que un ser humano asesine a golpes a otro porque ha tropezado con su novia, o golpee o mate a quien convive con él o ella (las lesbianas no estamos excluidas de la violencia, ni mucho menos). La socialización nos ha enseñado a convivir respetando una serie de normas y valores, que van cambiando con el paso del tiempo. Matar por honor no tiene ningún respaldo hoy, pero lo tuvo durante muchos siglos. Cargarse a las mujeres que traían deshonra a una casa era lo lógico, porque cuestionaban la autoridad y el honor del pater familias, el único que podía decidir el destino de sus hijas, mercancia de intercambio entre clanes. Violar a las mujeres, el pan nuestro de cada día. Ya se tenían que cuidar ellas de no ir solas. Porque tenían dueño, y le debían obediencia a él. De padre a hermano o marido.

La sociedad española ya no es así, en teoría. Legalmente no. Y en el discurso cotidiano, afortunadamente tampoco. Pero aún rezuman coletazos de ese imaginario machista en la construcción de muchos hombres y mujeres de este país.  Y o somos capaces de ir a ese imaginario y exterminarlo, o no tendremos cárceles suficientes para meter a tantos hombres incapaces de vivir en el siglo XXI. En Picassent ya es la segunda causa de encarcelamiento.

Pidamos más recursos, más valentía, más voluntad real de profundizar en las razones de estos comportamientos, más formación, la promoción de otras masculinidades, más apoyos a quienes sufren esta persecución y contundencia policial para quienes no asumen que esto ya no es Irán.

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¿Nunca les ha pasado que de tanto que pasa por sus cabezas no pueden articular palabra? Creo que esta semana me encuentro así. Veo tantas cosas a mi alrededor, que me bloqueo. Siempre es así, está claro. Pero por alguna razón esta semana me he dejado arrastrar por la marea, no he podido mirarla con más distancia.

Quizás si apretara el pause y mirara algunas de las imágenes que más me han impactado, podría volver a procesar este huracán constante que es la vida.

Empezó el finde con lo del barco holandés, la sensación constante de que vivo en un lugar donde el poder apesta. Siguió el lunes con la imagen de honda satisfacción de uno de los jóvenes- que ahora son juzgados por asesinar a una mujer que vivía en la calle- mientras golpeaba con saña a la mujer. Aún la tengo atravesada en el cerebro. No paro de preguntarme qué deben sentir las personas responsables de la socialización de esos seres supuestamente sociales al constatar su brutal fracaso, el de esos jóvenes tan monos y aparentemente educados. Prefiero que mi hijo sufra un exceso de empatía, con lo que duele, que ayudar a convertirlo en un ente que ni es animal ni es humano. Un ser caprichoso y sociópata.

Y luego, el reguero cotidiano de mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas. El violador de mi ciudad natal- ¿cómo pudo estar tanto tiempo actuando impunemente? Artículos que dan un tufo rarillo como el de hoy en El País, “Tal vez la mujer necesita menos cerebro para igual inteligencia” (la premisa de partida lo dice todo: seguir justificando que no somos inferiores por tener un cerebro más pequeño que los tíos, ridículo). Que si “Los gays separan a McCain y Palin” (se ve que respecto a las lesbianas están totalmente de acuerdo, que para eso Palin tiene una amiga bollera). La matraca cotidiana de la crisis. No sé, me cuesta poner las cosas en su sitio. Supongo que estar en tantos fregaos tampoco ayuda mucho.

Me quedo con el libro de Paul Ekman, ¿Qué dice ese gesto? Creo que ofrece recursos muy interesantes para evitar que tanto dolor e injusticia predominen a la alegría, la felicidad, la satisfacción de seguir, un día más, disfrutando de este aire, de este otoño, de la gente que nos quiere, de todo lo bueno que nos queda por vivir. Es más, mientras lo pienso, lo tengo claro. Con ese aroma a positivo me quedo.

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Ayer por la tarde disfruté de lo lindo viendo a las chicas del Ros haciendo baloncesto del bueno. La pena fue que sus contrincantes-Lotos Gdynia- no estaban a la altura, y tuvieron que regresar a Polonia con 42 puntos de derrota en las maletas.

Pero hubo jugadas realmente brillantes. Si pueden, no se pierdan a estas chicas del Ros jugar al baloncesto, porque son muy buenas. Imaginaba que sería un lujo ver juntas a cuatro españolas como Elisa Aguilar, Laia Palau (no sé a cuál adoro más de las dos), Anna Montañana y Amaya Valdemoro. Y ahora doy fe. Anna ha crecido mucho como jugadora y está que se sale. Amaya la noto más recuperada tras el retorno, más enérgica, aunque ya no desprende el fuego de otros tiempos. Quizás sea mejor así, más madura. Y luego Erika de Souza, ¡qué pedazo de pivot, por dios! Cómo un ser humano de esa estatura (1,97) puede moverse con tanta soltura… La checa Jena Vesela jugó muy bien, también. Milton-Jones aún no esta al 100%, se le nota que ha estado lesionada. Y sin hablar del resto del banquillo, que es de lujo: la grandísima Elena Tornikidou, Ivana Vererová, Dubrakva Dacic, Rooneka Hodges y la gran Marina Ferragout. LUJO TOTAL!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

La pena es que hay tantas cosas que no están a la altura de estas mujeres… Me desespero cuando voy a verlas, con ese cutrerío tan rancio que se vive en pista. ¿Se pueden hacer los descansos más aburridos? Ni soporto al del micro ni a la mascota. Entiendo que van muchos niños al basket-fabuloso-, y no pretendo ni quiero que se pongan a hacer shows con tías medio en pelotas. Pero entre una sesión de los payasos y las manoladas, creo que hay margen para otras cosas un poquito más elaboradas, más atractivas. A veces pienso que rocían al personal con algún tipo de sedante, porque hay momentos que parece un partido de tenis, por el silencio que se puede cortar. Me siento desubicada.

O cuando busco la cobertura de su hazaña al día siguiente. Busquen, busquen… el deporte femenino es un espejismo ante los medios de comunicación una vez se acaban las olimpiadas.

Es lo que hay. Por más cabreos que me pille. Sólo puedo utilizar este espacio para contarte el nivelazo que tiene el Ros. Si este sábado puedes ir a Salamanca, no lo dudes, porque el Ros y el Perfumerías se cruzan, y eso promete mucho, mucho. ¡Sobre todo con el pedazo de afición salmantina!

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Igual es la influencia del cielo encapotado que embarga esta ciudad, pero me apetece hablar por fin de un tema que llevo tiempo dándole vueltas. Un día, hace meses, caí en la cuenta de que la entrada más visitada en mi blog es una titulada “Superzorras y proetarras”. Es sencillo de explicar. Día sí, día no llega alguien a este espacio buscando información de “superzorras”, “lesbianas besándose”, “bolleras follando” y cosas por el estilo. Lo de “lesbianas meando” debo reconocer que es la conexión más surreal que he recibido. Imagino la cara de decepción de quien buscando carne se encuentra mis palabras, poco dadas a lo erótico y menos a lo escatológico, me temo.

Pero es tan surreal que si buscan lesbianas y superzorras en google, ¡lo primero es mi blog! Y todo porque un día me reboté al ver que en youtube un video de activistas lesbianas era relacionado con historias pseudo-pornos, que es como aún mucha peña- tíos hetero sobre todo- se empeña en conceptualizar a las lesbianas.

No hemos llegado a este planeta pa ponerte, chaval. Que te quede mu clarito.

Así pues, sin quererlo, puse en marcha una iniciativa a la que te invito a sumarte, si tú también estás cansada de ser tratada como una actriz no invitada del imaginario hetero masculino- porque amigos, esas uñas y esas refriegas clitoridianas no son reales. Usa la palabra superzorra, guarrindongui, lesbianas besándose, meando… y cuando la mano ávida de imaginario pase por tu blog, por tu video les recordarás que lesbiana no es sinónimo de pone hetero, sino de mujer que reivindica su espacio en el mundo- virtual incluido- al margen de imaginarios y fantasías limitaditas.

Pero si tu intención al recalar aquí era contribuir a la prolongación de alguno de tus músculos, siento decepcionarte. Si tanto te interesa las vidas de las lesbianas, empieza a sacarnos de tus pelis irreales y de tus fantasías a lo axe. No hemos llegado a este planeta pa ponerte, chaval. Que te quede mu clarito.

Y que tengas un buen día.

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Ayer me quedé estupefacta. Vi las imágenes en las que David Ferrer en un descanso del partido que a la postre perdió, tras un monólogo contra sí mismo en alto, se enfadó y respondió con un comentario profundamente machista a la jueza de silla que le recriminó el show que estaba montando.

Es normal, tú eres una chica. Las chicas no pueden hacer nada, nada. No pueden hacer nada.

Se ha disculpado- ya sería el colmo que no lo hiciera- pero lo más grave es lo que subyace en el subconsciente de este hombre joven de tan sólo 26 años. Porque lo que no está, no sale. Y si sale, es porque está. Y eso es lo que más me preocupa. Mucho.

La cuestión es ¿por qué ese comentario? De todo lo que podría haberle dicho a esa juez, ¿por qué cuestionar su legitimidad por el hecho de ser mujer? Sencillo: porque es lo que la cultura occidental- en la que vivimos- lleva haciendo unos cuantos miles de años. Lo cual demuestra que por encima de los discursos igualitarios subyace papá Aristóteles con mucha fuerza aún. Y no me mola nada, nada.

El otro día también me quedé estupefacta cuando otro hombre, mayor que Ferrer, pero no más de 20 años que él, de izquierdas, me decía completamente convencido que el feminismo era lo mismo que el machismo. El contexto no permitía un debate abierto- reunión familiar-, pero llegó un punto en el que tuve que pedirle que lo dejara porque, como feminista, me estaba ofendiendo. ¿Acaso la democracia es lo mismo que la dictadura? ¿el racismo o la homofobia que los movimientos de derechos civiles? ¿Quien asesina que quien intenta evitar los asesinatos?

Me alucina cómo el machismo pervive con tanta fuerza sutil. Y me preocupa, porque son muchos los hombres que no entienden las medidas de acción positiva y que se consideran discriminados por ellas. El sistema muy inteligentemente ha manipulado y/o ignorado la importancia de uno de los movimientos de liberación más importantes que ha vivido el ser humano: el movimiento feminista. Y que no sólo ha sido crucial para que las mujeres podamos dejar de ser esclavas, sino que también ha permitido a los hombres disfrutar de lo emocional, del cuidado, no tener que ser a la fuerza un patriarca insensible y violento. Los hombres por la igualdad son un reflejo claro de esa evolución.

Pero salvo grupos concretos, amigos cercanos, algún que otro personaje público, el panorama me preocupa. Este supuesto apoyo al fin de la histórica sumisión y negación de las mujeres como personas y ciudadanas se llena de matices. Y, no lo puedo evitar, me hace estar alerta. Porque no me fío.

Porque cuando menos te lo esperas, ¡zas! el subconsciente callado despierta. Y luego ya es tarde para pedir disculpas: el problema sigue estando ahí. Se llama ignorancia. Falta de empatía. Siglos de dominación, de ser el amo, el patriarca, el que corta. Y no va a resultar tan fácil asimilar que la igualdad supone vivir sin privilegios y que para poder llegar a la igualdad, hay que hacer todo lo posible para que el punto de partida sea el mismo para los dos géneros, cosa que hoy es una quimera (para la mujer respecto a los hombres: sueldos más bajos, más exigencias, presunción de incapacidad, responsabilidad en el cuidado del entorno familiar y social, acoso laboral, menor presencia en los MCM, invisibilidad en el canon histórico, literario, etc. etc.)

Cuánto camino por recorrer, cuánto… No pierdo el optimismo, pero no bajo la guardia ni un pelo.
Evidentemente el discurso no queda aquí, porque hay otras cuestiones que se entrelazan con el factor género. Por eso los binomios no me gustan nada: no es cuestión de hombres malos/mujeres buenas, sino sistema machista que oprime y amarga la existencia de hombres y mujeres con unos roles y un imaginario atroz. Sistema racista, homófobo, que ataca la diversidad y que sólo promueve un modelo como norma del que se sale la inmensa mayoría de la humanidad (por su piel, edad, tamaño, diversidad funcional, género, orientación sexual, etc. etc. no normativa).

Vamos, que hay que seguir peleando. Y muuuucho.

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