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Posts Tagged ‘The L Word’

Pues sí, vaya semanita. En Madrid el afilador está desbordado ante tantos cuchillos que preparar, y es que el caso de espionaje del PP es para poner los pelos de punta. Si entre sí llegan a esos niveles, ¿qué haría doña Esperanza como Presi de España ante quienes no son sus hermanos/as políticos? Asusta, la verdad.

Luego el viento, que ha sido espectacular y tristemente mortífero. Era la inclemencia que más preocupaba a mi padre, y como en otras cosas, tenía razón. Aquí en el barrio vimos esta mañana cómo un árbol había caído encima del coche que estaba aparcado a su lado.

Y por no quedarnos con el lado triste, voy a comentar algo más trivial pero que no deja de ser significativo. Yure, de nuevo nominada. La verdad es que FAMA ha degenerado mucho, mucho. Cada día es menos danza y más una versión light de las pelis eróticas tan garrulas de los 70. Siempre digo lo mismo: si el plan es poner al personal, pues que se dejen de tonterías y monten sexo en vivo. Pero que no engañen a la gente, porque han perdido el equilibrio entre vender tetas y tabletas de carne fresca y la promoción de la danza, arte que admiro y respeto profundamente. A Yure no la quieren y no sé muy bien por qué dejaron que entrara. Reconozco que es la única que me interesa como concursante, porque puedes ver la evolución de sus movimientos, de su aprendizaje. Bueno, en las coreografías grupales es como buscar a Wally, porque no hay modo de que la enfoquen. Eso sí, cuando lleva top ya se hace visible para el/la cámara. Misterios mamarios.

Y no, ¡aún no he visto el primer episodio de la última temporada de The L Word! Vamos a mil con varios proyectos y con las cosas de la federación. Pero espero verlo pronto…

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tina-y-bette.jpgCon el estómago confundido con el cambio horario, pienso en lo curiosa que es esta vida. Dos temas se entrecruzan en mi cabeza, cada uno proveniente de un mundo distinto: el fin del tocomocho inmobiliario y el fin de la quinta temporada de The L Word (si no la has visto y piensas hacerlo, mejor no sigas leyendo). Así funciona la mente de una activista como yo, supongo. Que también somos humanas, y lloramos, y nos emocionamos como quinceañeras cuando Bette y Tina vuelven juntas.

Respecto al tocomocho inmobiliario, evidentemente me preocupa su impacto global, pero era hora de que este negocio usurero se diera una buena hostia. La avaricia y la estrechez de miras de algunos empresarios de este país ha seGrúas Valencia (El Pa�s)guido el ciclo obvio de cualquier estafa multitudinaria: darse de bruces con el suelo. Nada dura eternamente. Ese suelo, ese bien básico que es la vivienda, con el que se han forrado de la noche a la mañana una parte especuladora que hoy, poco a poco, va poniendo el candado. Justo anoche hablábamos de las comisiones de las inmobiliarias, de los precios absurdos por viviendas que no pasarían ninguna inspección de calidad. De como un piso subía de un día para otro tres millones de pesetas. Del descontrol. De las hipotecas sangrantes. Está claro que nadie se ha aplicado la lección: con los bienes básicos no se debe especular. El tocomocho seguirá, con la complicidad de ayuntamientos, gobiernos autonómicos y mirada ausente del gobierno estatal. Así es este sistema.

Me preocupa qué pasará en este PAI Valenciano, con gobernantes más miopes aún, que sólo saben mirar al futuro a base de proyegolf-benicassim.jpgctos carísimos que giran entorno a la construcción. ¿Para qué invertir en una economía diversa habiendo monocultivos supuestamente rentables? Lo del golf es de cachondeo ya. Terminarán poniendo peña de cartón piedra en los miles de campos de golf que pretenden plantar aquí, para disimular cuando pase el satélite, digo yo. No niego que el golf pueda dar dinero, pero convertir el País Valenciano en un campo de golf entero (excusa genial para seguir construyendo pisos, más pisos al estilo de los hermanos Marx), es directamente un suicidio. Que seguiremos pagando con nuestros impuestos y esa deuda que no para de crecer. Al menos esta locura está dando señales de aviso, pero me temo que hay muchos intereses en juego y aquí nadie querrá verlas.

Lo que sí querré ver, al menos yo, es la sexta temporada de The L Word. Una serie que me tiene enganchada como a millones de lesbianas de todo el planeta. Debo reconocer que me equivoqué al analizar esta temporada que acaba de terminar. Ha tenido elementos interesantes, aunque algunas historias han llegado a un límite muy poco creíble (lo de Shane, demabette-porter.jpgsiado). De todo, me quedo con el interesantísimo ejercicio de metacine de la peli Lez Girls y, por supuesto, con el personaje fabuloso de Bette Porter (la actriz Jennifer Beals). Su trayectoria desde las primeras temporadas ha sido fascinante. ¡Y esa reconciliación! Hay otros elementos que destacar, pero lo comentaré otro día.

En fin, una cosa demuestra el fenómeno que rodea a The L Word: la industria de la televisión se quedó en el siglo XX. Internet y la solidaridad de algunas personas nos permite seguir productos televisivos a escala planetaria casi al momento de su estreno en el país de proyección (incluso con subtítulos en otros idiomas). Esperar años cuando millones de personas lo están siguiendo ya me parece realmente absurdo. Pero ese no es mi problema. Mientras Yoda y su gente sigan adelante (mil gracias a todas), la industria que haga lo que considere oportuno.

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No saben las ganas que tengo de hablar de otra cosa. De contar cosas triviales, incluso frívolas. De hablar de la quinta temporada de The L Word, por ejemplo. O del polvo que están acumulando el bajo y el ampli. De la regla que se retrasa.

No saben las ganas que tengo de pensar en otra cosa. De proyectos futuros, del dinero que quiero ahorrar para poder criar a lalito (es una manera cómplice que tenemos ni novia y yo de llamar al nano que queremos tener), viajes, risas con amigos.
Pero no puedo. Me cuesta centrarme en la tesis, me cuesta tocar, siento que pierdo el tiempo si me detengo a mirar cualquier cosa. Por momentos imagino escenas graciosas; al poco, vuelve el verbo dramático a mis dedos. Pero siempre sobre el mismo tema: lo que va a pasar.
Es maravilloso constatar que un trozo de papel sí que puede marcar caminos. Recuerdo hace años cuando no lo creía así, pero la vida me ha demostrado que sí se puede.
Ironías del destino. Hoy sufro al pensar en muchas personas que apoyan la diversidad pero que el 9 de marzo se quedarán en su casa, pensando que es absurdo ir a votar.
Pero su voto sí que importa. Su voto puede marcar el camino de millones de personas LGTB de este país y de otros tantos que nos miran.
Su voto nos puede llevar a Oz o a Kansas, donde los tornados fanáticos nos arrebaten la dignidad conseguida y la protección de nuestros hijos e hijas. ¿Suena teatral? Pues siento decir que es muy real. Por desgracia es una amenaza con forma de titular ya vendido.
El camino, gobierne quien gobierne es aún largo. Pero si deshacemos el que ya hemos recorrido, nos quedará aún mucho más. Y no queremos más mártires en esta causa, que son muchos siglos de infelicidad. Queremos avanzar, no volver al punto de partida, donde los homófobos encima pretendan ir de amigos teletubbies dándonos palmaditas en la espalda.
Qué ganas de atravesar este mes de injusta incertidumbre, de verdad.
PD: me parece un poco floja esta quinta temporada, ¿no lo creen?

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