No es fácil, por supuesto que no. Crear un proyecto nunca es fácil. Menos aún cuando buena parte de las estructuras sociales que te rodean pasan más tiempo en lamentar una situación negativa que en ponerse manos a la obra de verdad para recobrar la confianza colectiva perdida.
Porque esta crisis, por encima de todo, es una ruptura de confianza. Motivada, por supuesto, porque la avaricia desmedida ha roto el vaso en mil pedazos.Y cuesta confiar.
Pero en una sociedad necesitamos confiar en los demás para avanzar. Ladrones, avariciosos, mentirosos han existido siempre. Y aunque nos cuesta aprender de los errores pasados, hay que seguir. Sabiendo que están ahí, que seguirán ahí. Pero junto a ellos mucha gente honesta y trabajadora.
No podemos olvidar que las estructuras las creamos las personas. Y que cuando hablamos de empleo tiene que haber personas ideando, apostando, buscando recursos de todo tipo para crear un proyecto que necesite de otras personas. Porque el empleo no sale del grifo.
Sería mucho más fácil emprender si viviéramos en una sociedad que valorara el espíritu emprendedor- algo muy lejano del imaginario colectivo español, donde ser funcionario sigue siendo el sueño más grande. O si hubiera más ayudas reales por parte de todas las administraciones para fomentar el autoempleo. Pero no es el caso.
Aún así, vale la pena. Es duro, es sacrificado, hay días más difíciles, cantos de sirenas pesimistas inundando nuestros oídos, pero el esfuerzo se recompensa cuando ves los pequeños detalles de un sueño hecho realidad.
Vale la pena emprender. Si deseas hacer otras cosas, si no te gusta lo que haces, no esperes a que te ofrezcan la llave que estás buscando: diséñala y conviértela en realidad tú mismo, tú misma.
Vale la pena soñar despiertos/as.


