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Supongo que no soy la única que está harta de ver cómo se está gestionando esta crisis económica. Por parte de todos los agentes implicados. Dudo mucho que si el color del gobierno fuera otro las cosas se estarían haciendo mejor (a nivel autonómico lo podrían demostrar y no lo han hecho). Puede que incluso el resultado fuera peor.

Yo soy una simple mujer de letras que lleva un año remando con las manos, montando un proyecto empresarial en el que tanto mi socia-pareja como yo creemos firmemente. Una posición que me ha permitido ver las cosas con una perspectiva nueva, mucho más crítica. Porque no hay binarismos simples, todo es mucho más complejo.

Y desde dentro de esta pequeña cocina se ven muchos matices y surgen muchas ideas fruto de la experiencia cotidiana. No sé si sirve de algo expresarlas, pero al menos yo me quedo a gusto.

Porque hay cosas muy frustrantes, la verdad.

Para empezar, ¿cuál es la prioridad? Está claro que cuando hay un fuego, hay mil cosas que atender. Pero siempre hay algo que precisa más atención y urgencia que lo demás. Especialmente cuando de ese algo depende en gran medida que el fuego se pueda extinguir.

Y ese algo, por lógica, es la creación de empleo. Evidentemente hay que hacer todo lo posible para quien se ha quedado en paro lo sufra lo menos posible. Pero no comparto totalmente el modo en que se está haciendo (sobre el plan E podría decir muchas cosas, pero mejor lo dejo para otra ocasión). ¿Cuánto se ha destinado a formación, a reciclarse?

El gran problema es la falta de apoyo financiero. Ese es el origen principal del fuego. Está claro que durante muchos años no se limpió el bosque y ahora las llamas han hecho mucho daño. Pero el principal problema es la pela. Pienso en nosotras. Estamos deseando poder contratar gente, para poder crecer y ofrecer más servicios a más gente. Pero hasta que te entre dinero, ¿cómo pagas los sueldos y otros gastos? Está claro que esa es la apuesta de quien emprende, un problema personal.

Pero si realmente hay voluntad de que el empleo sea la prioridad, hay que hacer llegar dinero a las empresas, sobre todo a las pequeñas y medianas, el tejido más inmediato, donde se mueve y se queda el dinero (no en las Caimanes). Porque hoy pedir dinero a un banco es peor que un doctorado (ya ni eso: llevamos dos meses en una entidad bancaria para que nos den un TPV online-venta por tarjeta- y no hay modo, y eso que se llevarán sus comisiones luego). Y sobre todo, apoyar mucho más el autoempleo. Fomentar la creación de redes de profesionales que intercambien servicios y bienes entre sí, que puedan ir creciendo poco a poco y que así el dinero se mueva y pase de manos. Asesorar, que no informar, en condiciones. Poner todos los recursos que se pueda y más para que se generen empresas y autoempleo, para que se evite el cierre de las que existen. Poner espacios comunes donde las empresas, sobre todo autónomos/as, puedan compartir espacio y ánimos (algo que hay que sacar de debajo de la tierra) por muy poco dinero. Viveros de empresas que no sean un chiste o un privilegio (en una ciudad como Valencia,casi un millón de habitantes, no llegan ni a diez las empresas de su vivero). Ayudar a crear, motivar, facilitar los recursos.

Y sobre todo, no castigar a las hormigas. Nosotras nos hicimos comunidad de bienes porque era la fórmula más sencilla y, madre mía, nos han dado por todos lados. Lo último, sin saber por qué, a partir de enero Hacienda ya no nos cobra los impuestos de modo telemático (como sí hace con las SA, SL, etc.). A perder tiempo en el banco, que es lo que más nos sobra.

Luego quedarán mil cosas por abordar, mucho más profundas, que tienen que ver con el choque de modelos (el de nuestros padres, donde te jubilabas en la misma empresa de toda la vida y el nuestro, donde nadie sabe qué pasará mañana), con entender que para vivir como europeos hay que formarse y continuamente, además. Con asumir que el autoempleo es una interesante salida para mucha gente, con todo el sacrificio que implica.

Muchas cosas, sin duda. Y muchas más que no nombro y que son absurdas: ¿quieren que parte de la economía sumergida desaparezca? Pues que hagan moratorias especiales para quienes empiezan negocios, de tal modo que una vez puedas mantenerte a ti pases entonces a contribuir con el Estado (durante un tiempo y si hace falta, con alguien de Hacienda acampado en tu casa). ¿Acaso no es mejor dejar de ingresar dinero que tener que pagar a esa persona una prestación económica de desempleo?

O lo del IVA, que de tan surreal no hay quien lo entienda. ¿No es más lógico esperar a pagar el IVA cuando se reciba el dinero de una factura, aunque se tarden meses (especialmente si tu cliente es la administración, lo peor) que no forzar a las pequeñas empresas y autónomos a cerrar porque no tienen-ni les prestan- con qué pagar ese IVA?

En fin, lo dejo ya. Vuelvo a mi cocina, con la ilusión que nos dan nuestras clientas. Paso de pesimismos, de mirar este escenario en el que todos los agentes se pasan el día señalando al de al lado, pero no piensan en conjunto (la última gota, la actitud de los controladores aéreos). Saldremos de la crisis por el trabajo invisible de las hormigas. Así que a seguir.

Empezó 2010 y aquí seguimos, trabajando muchísimo y con mucha ilusión.  Podríamos estar día y noche y aún así nos quedaríamos cortas de tiempo. Sembrar es lo que tiene: precisa constancia, dedicación y mucha fe.

Este mes hemos plantado un nuevo árbol en nuestro campo: un Club de ocio. El primer club de ocio para mujeres lesbianas y bisexuales en España, el Club ALesWay.  Es un pasito más en ese proyecto innovador que es ALesWay.

Cuando miro las fotos de 2009 de las actividades que hicimos, ¡me sorprendo a mí misma! Me encanta ver tantas caras, haciendo cosas muy diversas (montando a caballo, en un velero, catando vino, jugando al paintball, viendo una exposición, etc. etc.). Pero sobre todo me encanta darme cuenta de una cosa: en el 90% de las fotos es de día. También podría ver cuántas de ellas han sido tomadas al aire libre, y la proporción sería enorme también. Esa es la razón de ser del Club ALesWay: juntar a tantas mujeres lesbianas y bisexuales que buscan otro ocio diferente al mayoritario, nocturno y en espacios cerrados.

Algo que nos hace sentirnos muy felices. Venimos de donde venimos, de lo social, y sentir que estamos contribuyendo granito a granito a que las lesbianas seamos más visibles, más felices,  que nos cuidemos y queramos, buf, es genial.

Esperamos que el Club, con su red social propia, crezca y aporte tantos buenos momentos como Lesfriends ha aportado en este año de vida a las casi 800 lesbianas y bisexuales que están apuntadas. También en LesFriends queremos aportar novedades.

Y para esas novedades estamos buscando apoyos extras (en este caso, animadoras socioculturales).

Precisamente promocionando esa búsqueda nos pasó ayer una cosa muy surreal, que deja bien claro cuánto camino queda por recorrer en este país.

Intentamos poner la búsqueda en un conocido portal de empleo. Todo iba muy bien hasta que recibimos una llamada en la que una amable mujer nos decía que la descripción que hacíamos no podía publicarse. Resumiendo, me decían que ellos no anunciaban actividades para “adultos”. Claro, no hay que ser un lince para ver que alguna mente lúcida conectó lesbianas+ocio= porno-no sé de dónde saco la paciencia en esos momentos para no montar en cólera. Pero ahí me ven, explicando a esta señora que no hacemos porno (no por el porno, sino porque me cabrea que se nos asocie a las lesbianas sólo con el sexo y con esas uñas de dos metros tan irreales). Aunque la cosa no quedó ahí. El problema seguía en que si ponía que hacíamos actividades para lesbianas y bisexuales estábamos discriminando a los heterosexuales. Respiré profundo y le expliqué que una cosa es discriminar y otra segmentar, potenciar nichos de mercado. La conversación era realmente surreal. Creo que cuando ya le dije “¿me prohibiría decir que buscamos una animadora para tercera edad porque es discriminatorio (con los jóvenes, por ejemplo)? Ahí ya pasó el balón a algún superior. Finalmente, tras un rato de musiquita de fondo, volvió a mí. “Que bien, pero  que tendríamos que explicar mejor a qué nos referimos con ocio”. Sin comentarios.

Es obvio que esto, al igual que la negativa de Atrápalo de ofertar nuestras actividades, es fruto de la lesbofobia, de la ignorancia, de la falta de costumbre de ver la palabra lesbiana o bisexual. Pero ahí estamos nosotras, pregonando a los cuatro vientos, LESBIANA LESBIANA LESBIANA BISEXUAL BISEXUAL BISEXUAL, en todo lo que hacemos. Es el activismo más pragmático que he hecho en mi vida. Posiblemente sin mi experiencia como activista me quedaría muchas veces en blanco, pero las tablas, el orgullo, la rabia te hacen reaccionar rápido.

Y no, señora mía, hoy por hoy lo nuestro no es el porno.

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