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Sí, El denario del sueño cierra su ciclo vital y muda su espíritu a otro lugar, mi web personal. En http://www.carmenghernandez.com podrás seguir mis pasos y mis palabras, si es tu deseo.

Han sido unos años interesantes, en los que este espacio ha sido un refugio fiel donde reflejar temores, reflexiones, alegrías.. Seguirá en la red, como un archivo donde volver a leer lo vivido estos últimos años.

Muchas gracias por leerme, te espero en http://www.carmenghernandez.com

Querida Marguerite, mil gracias.

Indignada me siento. Como periodista, como ciudadana. Más aún, preocupada. Mucho.

Como decía anoche Gabilondo, el gran maestro, la desaparición de un medio de comunicación es una desgracia para toda la sociedad. Pero sobre todo lo es cuando es tan bueno como era CNN+.

La TDT es un compendio de canales, canaluchos y canales que simplemente repiten la programación de su gemelo. Mucho de lo mismo. Vamos, como lo que había antes. O peor. Porque hacer un zapping es algo desalentador. La cantidad de canales cutres sumado a la enorme lista de canales ultraconservadores choca frente a la ausencia de canales más serios y plurales. Y de los pocos que había, ya contamos con uno menos. Quizás el mejor: CNN+.

¿A usted le preocupa la crisis económica? Pues a mí me preocupa más aún la desaparición de canales plurales y progresistas. ¿Qué queda? Con el matrimonio de Cuatro con Telecinco (ese compendio de gritos, entretenimiento romano de pan y circo y telebasura), sólo queda la Sexta y los canales de RTVE (hasta que cambie el gobierno y volvamos a la época del C.C.O.O.).

¿Y por qué me preocupa más este desequilibrio mediático? Porque las crisis van y vienen, pero el rol de los medios puede alterar la forma de pensar de todo un país, llevarlo a situaciones extremas de demagogia incontrolable. Que se lo recuerden a los alemanes, con la brillante y trágica labor llevada a cabo por el padre de la Propaganda mediática moderna, Goebbles.

Así que hoy estoy de luto. Como periodista y como ciudadana. Y preocupada. Muy preocupada

 

Me gusta mucho jugar a crear recetas. Es como una diversión. Normalmente suelen salir bien, pero claro, hay días…

No obstante, hoy ha sido un día especial y quería hacer una receta diferente, que combinara una de mis pasiones: lo dulce con lo salado. Este plato es super sencillo de hacer. Sólo hay que jugar con las especias y las hierbas.

Cantidades para dos personas:

  • 2 manzanas (yo he usado golden, como te gusten: más ácidas, menos ácidas)
  • 2 trozos de bacalao congelado (que venden en Mercadona, buenísimo)
  • media granada (venden incluso ya pelada)
  • piñones (poquito)
  • dátiles naturales (unos 6)
  • aceite oliva
  • condimentos: buf, yo he usado mil cosas, ahora las describo.
  • sal

Previamente: descongela el pescado, pela la granada. Parte la manzana en láminas no muy finas ni muy gruesas. Deshuesa los dátiles y pártelos como prefieras. Yo lo hice a lo largo, por tiempo (o falta de él, más bien).

En un recipiente para horno, le he puesto un poquito de aceite en la base, para que no se pegue nada, extendiéndolo bien.

Luego he colocado el bacalao (la parte de la piel al fondo) y alrededor de las piezas, he colocado las láminas de manzana. Encima los dátiles, la granada y los piñones, bien distribuidos por el recipiente alrededor del bacalao (sólo dejé unas granadas encima).

Una vez hecho esto he puesto un chorrito de aceite (muy poco) sobre el pescado y he hecho lo siguiente, pero cada cual que elija las hierbas y especias que prefiera (bueno, todas no pegan, claro). He puesto una pizca de sal sobre las manzanas (no sobre el bacalao, claro) y puse lo siguiente sobre el bacalao: un poquito de jengibre, curry, cúrcuma, cominos molidos, pimentón ahumado y perejil seco (¡ya dije que me gustan las combinaciones extrañas!). Sin las especias seguro que también queda bueno.

Precalenté el horno, introduje el recipiente y lo puse a tope de fuego pero en la bandeja alta, para que no se quemara. En cuanto al tiempo, a los 15 minutos comprobé como iba el pescado para ver si estaba hecho. Yo juraría que lo tuve en 20-25 minutos

Acompañé el plato con una ensalada de pimientos rojos asados, bonito y huevo duro. ¡No dejamos nada!! A Lorena le encantó. Y a mí también.

Si lo hacen, comenten impresiones!

Un saludo

Carmen

 

Cuando mi madre era pequeña, no estaba bien visto que una niña montara en bicicleta o que hiciera ejercicio. No se lo permitían.  Era España, posguerra, una dictadura que nos hizo a las mujeres retroceder en el tiempo.

Cuarenta años después, cuando yo era pequeña, seguía siendo algo mal visto que una niña jugara al fútbol o al baloncesto. No era algo tan horrible pero no era lo más apropiado. Era España, años 70.

En los años 30, en Estados Unidos las mujeres llevaban décadas jugando al baloncesto en la universidad. En los 70, consiguieron aprobar una ley que sería fundamental para la promoción igualitaria del deporte femenino en los institutos y universidades, el Title IX. Un país, Estados Unidos, que beca a sus deportistas desde el bachillerato, que les ayuda a estudiar y desarrollarse como deportistas, que les apoya y potencia, mujeres incluidas.

Hoy, 3 de octubre de 2010, un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años han conseguido que la selección española de baloncesto sea la tercera mejor del mundo (aunque realmente merecía ser segunda, pues demostró ser superior a las checas), frente a una selección, la de Estados Unidos, que juega un baloncesto sencillamente superior.

Pero el nuestro es un bronce que sabe a oro, por muchos motivos.

Por el sacrificio invisible que supone llegar a ser deportista de élite, sobre todo en sociedades que no apoyan económicamente la formación deportiva y el desarrollo profesional (salvo contadas excepciones, masculinas casi todas).

Por soportar el desprecio de unos medios de comunicación y de una sociedad que sólo sabe reconocer y valorar el deporte masculino. Aunque lentamente va dando muestras de cambio. Eso sí, no constante sino a impulsos.

Porque las cosas van cambiando, lentamente, y cada vez tenemos más cantera, mejor preparada física y técnicamente. Más aficionados y aficionadas apoyando el deporte femenino. Reconociéndolo y disfrutándolo. Este logro es prueba de ello. Y lo que queda por vivir.

Las norteamericanas saben que después de un siglo jugando a ese deporte tienen la obligación de ser buenas, las mejores. Por eso su alegría no era tan grande como la de nuestras chicas. Las españolas estaban dando una lección de historia envuelta de justicia poética. Porque teniendo menos apoyos, menos tradición, un pasado reciente profundamente machista y  menos recursos, hemos demostrado ser muy grandes. No en estatura, sino en coraje, compañerismo, estrategia, sacrificio, nobleza. Los pilares del deporte.

Esta semana comienza la Liga Femenina de baloncesto y ojalá las gradas se llenen de nuevos seguidores, de gente que admira el esfuerzo y el ingenio de un grupo de mujeres sobre la cancha. Sus valores, su fuerza, su disciplina. Y que esa gente consiga atraer más patrocinadores. Y con ello, tener más recursos para hacer de este deporte algo aún más grande.

Mil gracias, chicas, por todo lo que significa este triunfo para todas las mujeres, para los amantes del deporte, para el futuro del baloncesto español.  Verlas jugar es un gustazo. Verlas ganar, todo un orgullo.

Son las 00:20. Aún con la alegría en el cuerpo y la adrenalina activa tras el partidazo de cuartos de final del Mundial de baloncesto femenino en el que España ha remontado un partido malo y ha conseguido ir a prórroga y ganarlo, aquí estoy con un cabreo monumental.
Contenta porque el deporte femenino español ha hecho historia. Como mínimo seremos cuartas (mejor resultado, por cierto, que el de la selección masculina). Y como máximo, mañana veremos. Hueso duro de roer, las mejores del mundo en frente. Partidazo de lujo y a morir en la pista frente a Estados Unidos. Un país donde se puede ser deportista y vivir de ello de verdad, donde hay becas desde los institutos y la universidad para que sus deportistas puedan ser los mejores.
Las nuestras no tienen tanta suerte. Casi ni patrocinadores. Ni siquiera el respeto informativo que se merecen. Miro y remiro el periódico más leído en España- tras el Marca-, el referente periodístico, El País. Y no encuentro nada. Sólo una referencia, la última línea en la sección de baloncesto de un partido, ¡de hace días!!!!!!
Vergüenza.
Hartazgo
Harta de que pasen los años y lo que hagan las mujeres sea secundario (excepto si se pegan en un partido, están buenorras o se dopan, ahí sí son noticias en el mundo del deporte).
Tenemos- como mínimo- al cuarto mejor equipo del mundo de baloncesto femenino. Tenemos a grandísimas jugadoras que se han ganado el respeto fuera de nuestras fronteras, jugando en grandes equipos y en la WNBA. Tenemos una cantera que viene pisando fuerte. Pero, ¿quién las conoce? Cierto es que frente al desprecio de El País otros medios españoles cubren la noticia como toca. Pero el respaldo social queda lejos del que reciben los deportistas masculinos.
El baloncesto es un deporte de masas, lo practican millones de personas a lo largo de todo el planeta. Y España está destacando notablemente. Y no sólo los chicos. Las chicas también. Pero ellas sin apoyos, sin campañas mediáticas, sin anuncios especiales en los bancos, en la tele.
Es una vergüenza. Y yo estoy harta.
Adoro verlas jugar. En la liga femenina y en la selección. Voy siempre que puedo a ver al Ros, un equipazo que es un lujo (aunque este año sus cracks españolas se han repartido entre varios equipos). Porque hay esfuerzo, disciplina, años de sacrificio, valores de equipo, superación. Y espectáculo. Velocidad. Da gusto verlas. No necesito mates para engancharme a este deporte.
Un partido como el de hoy es todo un homenaje a la vida. Nunca hay que perder la esperanza aunque todo esté en tu contra. Hay que luchar, luchar y salir adelante. No rendirse. Y con suerte y esfuerzo, sales ganando. En ningún momento dejé de confiar en ellas.
Mil gracias chicas por la ilusión compartida, por pelear, por abrir el camino a las nuevas generaciones de deportistas que algún día recibirán el reconocimiento que ustedes hoy no están recibiendo. A todas, pero especialmente a Amaya Valdemoro, por ser tan grande, por asumir responsabilidades en los momentos difíciles. Grande, grande.
Mañana, a por Estados Unidos. El resultado, qué más da. ¿Que rompemos las apuestas? Un sueño (hoy ha caído Australia, todo es posible). ¿Que no? El espectáculo está servido. Y luego, si no, a por el bronce. Y mientras, a ver buen baloncesto, buen deporte. Desde el salón de casa las estaremos animando, sufriendo con ustedes. Disfrutando con ustedes. Quién pudiera estar en la cancha, en vivo.
¡A por ellas!!!! 
PD: Mandaré el enlace de este blog al defensor del lector de El País. Lo mínimo que podemos hacer: quejarnos de este machismo insoportable.

Sábado.

El País incluye al fin una noticia de la victoria pero no en portada, en la sección de deportes y en la parte inferior. Anoche a la 1 de la mañana no habían puesto ninguna noticia, cosas que otros medios como La Razón y el Mundo sí habían hecho (no me fijé si Público también). Medios que sí incluyen en portada esta victoria.

Algunos enlaces a la cobertura de quien considera esta noticia motivo de portada:

La Razón

El Mundo

Público

Las Provincias

Cadena Ser

Marca (preciosa crónica, por cierto)

As

La mala educación

No la de Almodóvar, sino la creciente que me rodea. ¿Estaré haciéndome mayor, señor? ¿O es que realmente cada vez la gente es más maleducada?
¿Y qué es ser maleducado/a?
La educación, entendida como una habilidad social y no como un cúmulo de títulos formativos, es algo fundamental que nos permite vivir en sociedad. Conocer los códigos que en cada contexto son esperados, que nos permiten convivir sin amenazas o bajo la ley del más fuerte.
Luego cada cual elige si los cumple o no. Y es ahí cuando entra en escena el apelativo de “maleducado”.
Para mí, el epítome de la mala educación tiene lugar-como no- en los procesos de comunicación interpersonal cotidianos. Cuando alguien te empuja y no se disculpa, cuando te mira de un modo invasivo, y sobre todo, cuando desde el coche hace maniobras sin indicarlas con el intermitente.
Normalmente me pongo de los nervios cuando los conductores que me rodean empiezan a cambiar de carril sin indicarlo. Hoy he decidido fijarme pero de un modo más reflexivo. Y ha sido sorprendente. Durante unos minutos ninguno de los coches que había delante de mí en tres carriles ha indicado los cambios de carril, de calle, o para aparcar. Ha sido increible.
Porque, ¿qué significa no indicar las maniobras que hacemos? Además de constituir un peligro obvio para la seguridad de quienes estamos conduciendo (porque además de conducir tienes que intuir qué puede querer hacer quien te rodea), es toda una declaración de cómo nos relacionamos con los demás. Conducir es una acción donde la comunicación es fundamental. Porque no estamos solos y solas. Compartimos un camino con otra gente subidos a un vehículo que puede matar y matarnos. No indicar nuestras acciones al volante es una de las muestras de indiferencia hacia el otro más patentes y letales que podemos mostrar día a día. Y de imbecibilidad, por cierto. Porque también pone tu vida en peligro. Y la de quienes vayan en tu coche. Es una de las acciones más antisociales donde no importa la clase social, ni los estudios, ni la cuenta en el banco: sólo el concepto que tenemos de la vida de los demás. El respeto, la solidaridad.
Por eso me molesta tanto, tanto ver que cada día más gente pasa de indicar sus movimientos al volante. Porque de algún modo están dejando claro que mi vida les importa muy poco. Y la de los demás. Y eso, en una sociedad, es un virus peligroso de la convivencia.
Pensemos en los demás, cuidemos nuestras vidas. Que cuesta mucho mantenerla.

A primera hora de la mañana llegó un sms de una amiga. Había facellido Amparo Rubio, una mujer muy conocida en los círculos de lo social de Valencia. Feminista muy implicada en la Casa de la Dona y en Ca Revolta, Amparo estaba comprometida con el cambio social en mayúsculas.

Porque en Valencia, más allá de Gürteles, corrupción profunda, nepotismo a gran escala y grandes fastos faraónicos hay toda una red de gente anónima que se deja la piel por hacer de este mundo un lugar mejor, aunque los medios no suelan hablar de ellos y ellas. Amparo era una de ellas, de las que siempre te encontrabas en mil sitios (manifestaciones, jornadas, …), con esa sonrisa que transmitía tanta paz y serenidad.

Hoy es un día de luto para quienes queremos otro mundo, otra sociedad valenciana más responsable y justa. No sobra gente como Amparo, mujeres feministas, luchadoras, comprometidas. Para mí Amparo era uno de esos referentes cotidianos en esta tierra tan incomprensible y querida que se ha convertido en mi hogar. Supongo que por gente como Amparo no me he ido, no he perdido la fe en que un día la dignidad y la justicia se muden aquí.  

Hoy es un día muy triste. Poco se puede decir, más que agradecer a Amparo todo lo que nos ha dejado, que es muchísimo. Hoy le toca reunirse a la tribu, acompañar a su gente más querida, y mantener viva su memoria.

Descansa en paz, Amparo. Te echaremos de menos.

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