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Llevo años embarcada en el doctorado. Es un proceso lento, porque no cuento con becas oficiales. He ido sufragando los gastos a base de ahorro y préstamos, pero no me importa, porque investigo lo que yo quiero y a mi ritmo, sin vasallajes ni presiones.

Aunque mi licenciatura es en Ciencias de la Información, hago el doctorado en un departamento de Antropología. Ha sido un salto formidable, tremendamente enriquecedor. Sigo fascinada con el ámbito comunicativo pero ahora cuento con más herramientas para investigar y diferentes perspectivas. Me encanta haber tocado tantos palos académicos (periodismo, literatura y ahora antropología), porque mi mirada es mucho más rica.

Aunque llevo tiempo tonteando con la tesis, ahora tengo una oportunidad de oro para meterme de lleno. He redefinido el tema y me voy a centrar en una de mis grandes pasiones: la comunicación interpersonal.  Sé que o me pongo en serio ya o perderé el tren. Iré contando mi aventura en el blog. No me va a resultar fácil, porque no estoy conectada al ámbito académico (mi universidad está a muchos kilómetros de distancia) pero con el apoyo profesional virtual de mi hermana y mi cuñado y de mis directores- además del cariño y apoyo moral de la gente cercana, sé que lo voy a conseguir. A cabezota no me gana nadie.

Hoy estoy buscando nuevo software para gestionar la búsqueda de datos, citas, bibliografía. Me he bajado Zotero, a ver qué tal. Les iré contando. No sé si será suficiente o tendré que rediseñar mi base de datos de filemaker.  Lo más complicado será la búsqueda de libros. Iré viendo. A currar!

Especialmente cuando llega el orgullo a muchas lesbianas (y bisexuales, y transexuales, y personas transgénero) se nos pone la vena de muy mal cuerpo. Porque los medios de comunicación entran en éxtasis y nos borran del google maps con más contundencia que el resto del año, que ya es.

Orgullo gay. Al final es lo que consiguen: que el orgullo sea sólo gay. Que hasta las mujeres heteros que leen pregones se vuelvan gays. No lesbianas, ni bisexuales, ni transexuales (sea cual sea su orientación sexual). Gays.

Ahora que no tengo ningún cargo en ningún sitio puedo reconocer con qué mal cuerpo me solía ir de Madrid al día siguiente de la mani del Orgullo. (excepto el año pasado). Porque duele ver condensado todo aquello que te machaca día a día, como es la invisibilidad. ¿Solución? Buf, complicado. Creo que aún se puede hacer algo más fuerte desde el movimiento para dar a entender a los medios lo que está pasando, pero cada día que pasa es un día perdido ante unos medios que se resisten- salvo excepciones- a prescindir del global gay como antítesis a lo hetero. Algo que hace nuestra propia comunidad. No obstante, animo a seguir intentándolo.

¿Qué camino nos queda? ¿Separarnos otra vez? No lo creo, ninguno y ninguna saldría ganando. Pero algo más hay que hacer. Tenemos que darle vueltas.

Mientras Soraya disfruta sintiéndose gay y se morrea con Boris- chapeau por su apoyo a los compañeros- pensemos en otra estrategia, chicas, porque yo no sé ustedes, pero yo estoy hasta las narices de ser la prima de la mujer invisible.

Por lo pronto, sigamos exigiendo una escuela sin armarios. Desde nuestro día a día, desde la calle.  4 de julio, Madrid. Manifestación, 18:00 horas. Yo este año no estaré, pero les animo a participar porque aunque  haya algunas cosas que no comparto de lo que rodea a la mani estatal, nadie puede negar que es un acontecimiento que hay que vivir en la vida.

Y seguimos hablando.

(siento la negatividad, pero es que el machismo que tiene el uso de la palabra gay como universal para todo lo no-hetero, me puede).

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